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El Viejo Topo 244 El Viejo Topo

Tíbet: maquinación y mentira

por Higinio Polo
El Viejo Topo nº 244, Mayo 2008

Número de páginas: 6
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La lamasocracia , un régimen religioso articulado alrededor de una nobleza feudal y del poder de los monasterios, reinaba sobre una población de menos de tres millones de habitantes, y mantenía en la miseria a la gran mayoría, que eran siervos sin tierra, condenados a vivir sin escuelas ni condiciones de vida dignas. Los siervos podían ser vendidos y debían trabajar las tierras de los señores sin percibir ningún salario, y ni tan siquiera poseían la libertad personal para abandonar la tierra, como en la Edad Media europea. Nobles y monasterios tenían prisiones privadas y eran comunes castigos como arrancar los ojos de los condenados, cortarles las manos o la lengua. Era un régimen despótico, esclavista y racista, cuyos seguidores, todavía hoy, siguen prohibiendo los matrimonios mixtos entre tibetanos y miembros de otras etnias.
La revolución china de 1949 empezó a cambiar China y también el atrasado y medieval altiplano tibetano, aunque el Dalai Lama y sus seguidores hablan de esa fecha como del inicio de la "invasión". De hecho, un denominador común de la información tendenciosa de la prensa internacional ha sido hablar de esa invasión china del Tíbet en 1950. No importa que el Tíbet fuera tierra china desde siglos antes de que se crearan cualesquiera de los actuales países europeos, porque una mentira tan grosera, elevada a la categoría de verdad por la propaganda, ayuda a presentar a los monjes esclavistas del Dalai Lama como ciudadanos incapaces de seguir soportando por más tiempo la ocupación china .
De esa forma, las mentiras sobre el Tíbet se han ido sedimentando. Tras unas conversaciones, en Pekín, del actual Dalai Lama con los dirigentes de la revolución, Mao Tsé Tung, Chu En Lai y Deng Xiao Ping, que acabaron fracasando, la ruptura abocó a los monjes tibetanos a la rebelión abierta contra el nuevo gobierno comunista, rebelión que contó con apoyo exterior. Está perfectamente documentado que la insurrección armada tibetana de 1956 fue organizada y financiada por la CIA. Desde tres años antes del inicio de los combates, la CIA preparaba una insurrección en Tíbet, en coordinación con el Dalai Lama y sus seguidores: Washington quería vengar la ayuda china a los norcoreanos de Kim Il Sung en la guerra de 1950-1953 y dificultar la consolidación de la revolución comunista en China. Así, la coalición de intereses entre el Dalai Lama y Washington hizo que los monasterios lamaístas fueran los focos de la insurrección armada contra la nueva China socialista.
Los beneficiarios de un sistema feudal de propiedad y privilegios, que tenía en los monasterios y en los monjes lamaístas su columna vertebral, fueron quienes impulsaron la rebelión, alarmados por las reformas políticas que la revolución comunista de Mao Tsé Tung, que amenazaba terminar con su poder. La insurrección fracasó tres años después: en 1959, el Ejército Popular chino consiguió derrotar a los partidarios del Dalai Lama. Los combates causaron unas diez mil víctimas entre ambos bandos, aunque la disparatada propaganda del Dalai Lama y de los más deshonestos medios occidentales habla de un millón doscientos mil muertos, achacándolos todos, por supuesto, a la acción del ejército chino. Hay que recordar que, a mediados de los años cincuenta, la población total tibetana no llegaba a tres millones de habitantes, de los que un millón y medio eran hombres: de ser ciertas las cifras que sigue difundiendo la propaganda del Dalai Lama casi todos los hombres hubieran perecido en la insurrección y sería incomprensible que hoy la población tibetana sea de más de seis millones de habitantes. La falsedad no ha impedido que esas cifras dieran la vuelta al mundo y sigan repitiéndose, aunque el propio Patrick French ( que fue director de la Free Tíbet Champaign , la organización del Dalai Lama para propagar en el mundo la idea de la independencia del Tíbet), dimitiese en protesta por la falsificación de los datos del supuesto "genocidio" tibetano.
Gyalo Thondupt y Takster Rimpoche, hermanos del Dalai Lama, eran agentes de la CIA, y la agencia estaba de acuerdo en mantener en aparente ignorancia al Dalai sobre la actividad de los servicios secretos norteamericanos. La derrota de 1959 no supuso el fin de la intromisión: la CIA siguió organizando incursiones armadas de los exiliados tibetanos hasta el inicio de la década de los años setenta y hasta 1974 mantuvo el ejército tibetano que había ayudado a organizar. Incluso llegó a enviar a centenares de tibetanos a una base militar en el Estado de Colorado y a bases norteamericanas del océano Pacífico, para entrenarlos en tácticas de sabotaje y terrorismo. De hecho, los khampas , grupos de tibetanos armados, actuaron dirigidos por un hermano del Dalai Lama, Gyalo Thondup, y lanzaron constantes incursiones armadas en el interior del Tíbet gracias al apoyo logístico norteamericano, que no escatimó armamento, que lanzaba en paracaídas sobre la zona nepalí dominada por esos guerreros khampas . Sin embargo, la operación no dio los resultados que se esperaban, y, a mediados de los años setenta, el Dalai Lama consideró fracasada la iniciativa y procedió a su desmantelamiento. Tenían en ese momento casi diez mil hombres armados, con campamentos permanentes en Nepal supervisados por la CIA.
Después de la derrota de la insurrección, haciendo de la necesidad virtud, el Dalai Lama y su "gobierno" descubrieron en su interior un corazón de amantes de la democracia, por lo que, aconsejados por los norteamericanos, llegaron a presentar propuestas de "organización democrática" del Tíbet, que, como es obvio, no tienen ninguna credibilidad. De hecho, el Dalai Lama, mientras proclamaba la no violencia y el diálogo pacífico se mostraba conforme con la organización de acciones armadas y protestas violentas, al tiempo que s u extrema sensibilidad democrática no le impidió apoyar a Estados Unidos durante la intervención norteamericana en Vietnam, así como las sangrientas operaciones norteamericanas en Asia durante la guerra fría , defender el bombardeo de Yugoslavia por parte de la OTAN y la invasión norteamericana de Iraq y Afganistán. No en vano, el Dalai Lama ha calificado a los Estados Unidos como "los campeones de la libertad y de la democracia".
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