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El Viejo Topo 194 El Viejo Topo

El motín es la única salida

por Naomi Klein
El Viejo Topo nº 194, junio 2004

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Pero la ONU podría redimirse: podría decidir sumarse al motín, aislando aún más a EEUU. Esto ayudaría a obligar a Washington a entregar el poder real -en última instancia a los iraquíes, pero en primer lugar a una coalición multilateral que no hubiera participado en la invasión y ocupación y que tuviera la credibilidad suficiente para supervisar unas elecciones directas. Esto podría funcionar, pero sólo a través de un proceso que protegiera encarnizadamente la soberanía de Irak. Esto supondría:
-Deshacerse de la constitución provisional: es tan odiada que cualquier entidad gobernante que estuviera sujeta a sus disposiciones sería considerada ilegítima. Algunos dicen que Irak necesita esta constitución provisional para evitar que unas elecciones abiertas entreguen al país a los extremistas religiosos; sin embargo, según una encuesta reciente de Oxford Research International, los iraquíes no tienen ningún deseo de ver como su país se convierte en otro Irán.
También hay formas para proteger los derechos de las mujeres y de las minorías sin obligar a Irak a aceptar una constitución escrita bajo una ocupación extranjera. La solución más simple sería recuperar ciertos pasajes de la constitución provisional iraquí de 1970, que, según Human Rights Watch, "garantizaba formalmente la igualdad de derechos de las mujeres y específicamente aseguraba su derecho a votar, ir a la escuela, ser candidatas en las elecciones y tener propiedades". Además, esta constitución consagraba la libertad religiosa, las libertades civiles y el derecho a organizarse en sindicatos. Estas cláusulas pueden rescatarse sin ninguna dificultad, eliminando las partes del documento diseñadas para reforzar el dominio del Ba'az.
-Poner el dinero en fideicomiso: uno de los puntos claves de la gestión de la transición de Irak hacia su soberanía es la protección de sus activos: los ingresos del petróleo, lo que queda del dinero del programa petróleo por alimentos y lo que queda de los 18,4 mil millones de los fondos de reconstrucción. Actualmente, los EEUU planean seguir controlando este dinero hasta mucho después del 30 de junio: la ONU debería insistir en que se pusiera en fideicomiso, para que lo gastara un gobierno iraquí elegido en las urnas.
-Des- chalabizar Irak: hasta ahora, los EEUU no han sido capaces de instalar a Ahmed Chalabi como el próximo líder de Irak -su historial de corrupción y de falta de base política son prueba de ello. Y sin embargo, los miembros de la familia Chalabi han recibido, sigilosamente, el control de todas las áreas de la vida política, económica y judicial.
Fue un extraño proceso en dos fases. En primer lugar, como jefe de la comisión de des- ba'azización , Chalabi purgó a sus rivales. Después, como director del comité económico y financiero del consejo gobernante, colocó a sus amigos y aliados en los puestos clave de ministro del petróleo, ministro del comercio, ministro de finanzas, gobernador del banco central, etcétera. Ahora, el sobrino de Chalabi, Salem Chalabi, ha sido nombrado por EEUU presidente del tribunal encargado de juzgar a Saddam Hussein. Y una empresa muy cercana a Chalabi ha recibido el contrato para custodiar las infraestructuras petrolíferas de Irak -lo que esencialmente supone un permiso para crear un ejército privado. Dejar a Chalabi fuera del gobierno provisional no es suficiente. La ONU debe desmantelar el estado a la sombra creado por Chalabi iniciando un proceso de des- chalabización igual al ahora abandonado proceso de des- ba'azización .
-Exigir la retirada de las tropas estadounidenses: al exigir a EEUU que actúe como su guardaespaldas como condición de su reentrada en Irak, la ONU ha hecho lo contrario de lo que debería hacer -debería entrar sólo si EEUU se retira. Las tropas que participaron en la invasión y la ocupación deberían ser sustituidas por fuerzas de pacificación de los países árabes vecinos encargados de crear las condiciones se seguridad necesarias para las elecciones generales.
El 25 de abril, la editorial del New York Times exigió exactamente lo contrario, afirmando que sólo una gran inyección de tropas estadounidenses y un "aumento real y a largo plazo de las fuerzas en Irak" podía garantizar la seguridad. Pero estas tropas, si llegan, no proporcionarán seguridad a nadie -ni a los iraquíes, ni a sus propios soldados, ni a la ONU. Los soldados americanos se han convertido en una provocación directa de violencia, no sólo por la brutalidad de la ocupación, sino también debido al apoyo estadounidense a la mortífera ocupación israelí del territorio palestino. En las mentes de muchos iraquíes las dos ocupaciones se han fusionado para convertirse en una única atrocidad anti-árabe.
Sin las tropas estadounidenses desaparecería la mayor incitación a la violencia, lo que permitiría al país ser estabilizado con muchos menos soldados y una muy menor utilización de la fuerza. Irak seguiría enfrentándose a desafíos a su seguridad -seguirían habiendo extremistas dispuestos a morir por imponer la ley islámica, e intentos de los leales a Saddam de recuperar el poder. Pero por otra parte, con los sunnitas y los chiítas estando ahora tan unidos en contra de la ocupación, éste es el mejor momento posible para que un agente honesto negocie un acuerdo equitativo de reparto de poderes.
Algunos dirán que los EEUU son demasiado fuertes y que no se les puede forzar a abandonar Irak. Pero Bush ha necesitado desde el principio una cobertura multilateral para esta guerra -esta es la razón por la que formó la "coalición de los dispuestos", y por la que acude ahora a la ONU. Imagínense lo que podría ocurrir si más países salieran de la coalición, si Francia y Alemania se negaran a reconocer al Irak ocupado como una nación soberana. Imagínense que la ONU decidiera no acudir al rescate de Washington. Se convertiría en una coalición de uno.
La invasión de Irak empezó con un llamado al amotinamiento -un llamado realizado por EEUU. En las semanas anteriores a la invasión del año pasado, el Mando Central estadounidense bombardeó al ejército iraquí y a los políticos con llamadas telefónicas y e-mails , instándoles a que desertaran de los rangos de Saddam. Los aviones lanzaron ocho millones de panfletos instando a los soldados iraquíes a abandonar sus puestos prometiéndoles que no se les haría ningún daño.
Evidentemente, estos soldados fueron inmediatamente despedidos cuando Paul Brenner asumió el mando, para ser ahora recontratados frenéticamente como parte del cambio en la política de des- ba'azización . Este no es más que otro ejemplo de la incompetencia letal que debería llevar a todas las personas que aún apoyan la política estadounidense en Irak a una conclusión inevitable: ha llegado la hora de amotinarse.
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