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El Viejo Topo 193 El Viejo Topo

Paisaje después del 14-M

por Antonio Santamaría
El Viejo Topo nº 193, mayo 2004

Número de páginas: 5
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La respuesta del PSOE no se hace esperar. El secretario de organización, José Blanco, enmendó la plana a Maragall y aseguró que la reforma del Senado es la única modificación constitucional contemplada en el programa electoral. Esto provoca, el mismo día que se cumplen los primeros cien días del tripartito, la áspera réplica del portavoz de la Generalitat, Joaquim Nadal, uno de los más conspicuos representantes del sector catalanista del PSC, y del conseller en cap de ERC, Josep Bargalló. Ambos advirtieron, con cajas destempladas, que la reforma del Estatut implicará reformas constitucionales y que no se pararán ante los límites impuestos por Blanco. Una posición compartida por el portavoz parlamentario de ICV-EUiA, Joan Boada. Su homólogo del PSC, Miquel Iceta, próximo a Montilla y a los capitanes, se desmarcó de estas críticas y defendió en solitario a Blanco. El PSC nunca ha planteado una reforma constitucional que vaya más allá del Senado, una limitación que consta expresamente en los acuerdos del tripartito. Un aviso del malestar de este sector del PSC por una presión directa sobre Zapatero que aún no ha sido investido presidente. Maragall quiso zanjar la polémica y subrayó que el objetivo de la reforma del Estatuto no es modificar la Constitución, sino elaborar un buen texto. Las Cortes españolas decidirán si el proyecto estatutario exige reformar la Constitución, lo que significa mantener las espadas en alto.
El debate se ve distorsionado por los tres órdagos consecutivos lanzados por ERC, que plantean un horizonte de inestabilidad en el tripartito y de tensiones entre PSOE y PSC. El primero simbólico, derivado del reconocimiento internacional de la selección de hockey sobre patines, uno de los pocos deportes donde Catalunya es una potencia mundial. La federación catalana, en connivencia con el secretario de deportes de la Generalitat, Rafael Niubó, de ERC, actúa en secreto, a espaldas de la federación española, del Consejo Superior de Deportes (CSD) y del PSOE. Sin negociar con nadie, presenta el reconocimiento internacional como un hecho consumado. Una medida que descarga sobre los jugadores la difícil disyuntiva de elegir entre España y Catalunya, como opciones excluyentes. La manifiesta deslealtad de la iniciativa, que aprovecha una situación de vacío de poder, provoca la dura y previsible reacción de las autoridades deportivas en funciones del PP, que denuncian el hecho ante los órganos internacionales correspondientes y abren un expediente sancionador a la federación catalana. En el PSOE, en una situación muy incómoda, Blanco debe volver a ejercer de bombero. Sin excluir fórmulas para el reconocimiento de las selecciones deportivas, afirmó que "la doctrina en la que nos movemos es la del COI, que sólo acepta a los Estados independientes reconocidos por la comunidad internacional".
La buena nueva desata la euforia en el tripartito. Niubó se apresura a reclamar la modificación de la ley española del deporte para dar cabida a las selecciones catalanas. Bargalló valoró la noticia como un "paso adelante", aunque matizó ­en un alarde de fariseísmo­ que el gobierno catalán quiere situar este asunto "en la esfera privada y autónoma" del deporte. Maragall reiteró su posición favorable a las selecciones deportivas y, ante las cámaras de TV3, se preguntó: "¿hay nombre para la selección del resto de España? Porque si no lo hay, habrá que inventarlo". El presidente de la Generalitat dejó claro que, en caso de conflicto entre el PSOE y ERC, apoyará a sus socios en el tripartito, y que a catalanismo no le gana nadie. Tras la intensa ola de solidaridad con el pueblo de Madrid generada en Catalunya el 11-M y cuando la victoria de Zapatero permite reconducir los conflictos territoriales en términos de distensión y diálogo, los dirigentes de ERC, con la benevolente convivencia de Maragall, se apresuran a echar leña al fuego identitario en un terreno muy sensible, con una provocación que viene a dar la razón a los sectores más duros del PP.
El segundo órdago fue de naturaleza institucional. La consellera de Educación, Marta Cid, (ERC) decide unilateralmente no aplicar la polémica Ley Orgánica de Calidad de la Enseñanza (LOCE). Otro hecho consumado al que se suman los gobiernos vasco y canario y que, como en el caso del hockey, proporciona abundante munición al PP y obliga a los dirigentes del PSOE, que no han sido consultados, a salir al paso. La encargada es Carme Chacón del PSC, del equipo Zapatero y portavoz del PSOE en enseñanza de la pasada legislatura, que advirtió a la Generalitat que no debe generar "inseguridad jurídica" y reiteró el compromiso de decretar una moratoria de la LOCE, que mientras tanto debe ser cumplida.
Como colofón a la escalada, Carod-Rovira preside una rueda de prensa hiperrealista. Rodeado de sus consellers en el tripartito, quiso demostrar que ha superado la crisis derivada de su reunión con ETA que le apartó del gobierno, realizando una obscena demostración de su poder en ERC. Carod, que se mostró dolido con Maragall y Joan Saura por su actitud en la crisis, reiteró su determinación de ser el próximo presidente de la Generalitat. Carod, que renuncia a su acta de diputado en Cortes pero no a entrevistarse con el Rey, se convertirá posiblemente en el portavoz parlamentario del partido en el Parlament de Catalunya. Así, él desde fuera y los consellers-marionetas desde dentro, generarán una permanente inestabilidad que tendrá su cénit en la negociación sobre el nuevo Estatut. ERC, apoyándose en CiU con la que podría formar mayoría absoluta, podrá exigir un texto de máximos, difícilmente aceptable para el gobierno central. Una estrategia de desgaste a Maragall, siempre a remolque de las iniciativas de ERC, tendentes a exacerbar las contradicciones entre PSOE y PSC y entre las dos almas de socialismo catalán personificadas por Montilla y Maragall, en el horizonte de un agudo conflicto institucional entre los gobiernos español y catalán.
Mientras en Euskadi el PSE-EE cumple un papel de contención respecto a las aspiraciones soberanistas de amplios sectores de las clases medias, la dirección del PSC actúa en sentido contrario y abre las puertas al proyecto independentista de ERC. Si en el País Vasco, a pesar del Plan Ibarretxe, tiende a descender el nivel de tensión y crispación, en Catalunya puede ocurrir todo lo contrario, a la vista de la estrategia de Carod, cada vez más a gusto en su papel de líder populista.
CiU, muy debilitada tras un ciclo electoral adverso que le ha arrojado de la Generalitat y le impide ser fuerza decisiva en Madrid, observa con satisfacción un río revuelto que le permite concebir esperanzas de recuperar las posiciones. Los líderes de la federación nacionalista se apresuraron a extraer las lecciones del 14-M: los pactos con el PP han "contaminado" ­Pujol dixit­ la imagen de CiU, una fuerza de centro-izquierda que ha acabado confundida con la derecha. Ahora bien, ni un Artur Mas sin personalidad política propia, ni un Duran i Lleida demasiado vinculado a los pactos con el PP, parecen ofrecer una alternativa de liderazgo solvente. Quizás por ello, en los mentideros políticos de Barcelona, se especula sobre el posible retorno de Miquel Roca como la solución mágica a todos los problemas.
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