Una línea defendida por Llamazares en la asamblea de diciembre
pasado, que consiguió frenar la oposición del catalán
Frutos, que conoce a fondo los entresijos de la izquierda en Catalunya.
El éxito de ICV-EUiA, que pasa de uno a dos escaños, contrasta
con el hundimiento de IU y da cierta razón al coordinador general
de IU frente a las tesis del secretario general del PCE, a pesar de que
el éxito de los catalanes resulta muy limitado: en el 2000, ICV e
EUiA concurrieron por separado; la primera obtuvo 112 mil votos (3,54%),
la segunda, 75 mil (2,23%). En el 14-M, si ponderamos el aumento de la participación,
sólo se han conservado posiciones (5,85%), aunque visto el retroceso
general de IU, mantenerse puede ser presentado como una victoria.
Las tensiones, largamente contenidas, estallan de mala manera cuando
Llamazares, sin contar con la dirección de IU, que se entera por
la prensa del asunto, ofrece a Jiménez Villarejo (ex militante del
PSUC, fiscal del caso Banca Catalana en 1984 y ex fiscal anticorrupción)
encabezar la lista de las europeas. Frutos, que ha renunciado al puesto,
no puede contenerse y califica la decisión de "cacicada"
y considera que Llamazares, responsable de la derrota, "debería
hacer las maletas e irse a su pueblo". Villarejo, para no convertirse
en un factor de "división", renuncia a una candidatura
a la que había dado su conformidad. Las críticas a Llamazares
por este asunto se extienden a otras corrientes y a las federaciones madrileña
y catalana de la coalición.
Como señaló Manuel Monereo, IU se debate entre dos opciones
contradictorias, de difícil conciliación, "entre la izquierda
complementaria y la izquierda para la alternativa". La primera implica
operar como una especie de extrema izquierda en el marco del actual régimen
político, como la mala conciencia izquierdista del PSOE; la segunda
implica abrir una perspectiva de ruptura donde IU aspiraría a disputar
al PSOE la hegemonía de la izquierda española, pero que implica
correr el riesgo de arrojar a la formación al extraparlamentarismo.
Además, todo parece indicar que IU camina a pasos agigantados hacia
su estallido.
El futuro de Plan Ibarretxe
Uno de los principales retos a los que se enfrenta el gobierno del PSOE
es el relativo a la organización territorial del Estado y al pleito
político-simbólico planteado por los gobiernos de Euskadi
y Catalunya, exacerbados por el PP durante la pasada legislatura.
La polémica votación separada, en el Parlamento Vasco,
de las enmiendas a la totalidad del Plan Ibarretxe (22/03/04) fueron el
marco utilizado por el portavoz y presidente del PSE-EE, Jesús Eguiguren,
para lanzar una sorprendente oferta al tripartito vasco, que significa la
extensión del certificado de defunción del bloque constitucionalista
PP-PSE. El Plan Ibarretxe es un proyecto de la etapa anterior, una respuesta
del nacionalismo vasco a la ofensiva centralista del PP. La victoria de
Zapatero en España y el hundimiento de Mayor Oreja en Euskadi inauguran
un nuevo periodo de distensión y de diálogo, donde el Plan
Ibarretxe resulta un obstáculo objetivo. Si el gobierno vasco procede
a retirarlo y plantea una reforma del Estatuto, en términos parecidos
a la Generalitat de Catalunya, los socialistas vascos estarían dispuestos
no sólo a impulsar una generosa reforma estatutaria, sino a contribuir
a la estabilidad del ejecutivo. Al fin y al cabo, como recordó Eguiguren,
el Plan Ibarretxe y la propia estabilidad del gobierno vasco dependen del
comportamiento de los diputados de SA y si las enmiendas a la totalidad
se hubieran votado conjuntamente, el Plan habría acabado su trayectoria
institucional.
A diferencia de la propuesta catalana que respeta los procedimientos
contemplados en el Estatut y la Constitución para su reforma, el
Plan Ibarretxe los ignora. Plantea un nuevo marco de relación entre
Euskadi y el Estado español, el status de libre asociación,
de difícil encaje en el sistema constitucional vigente. La propuesta
del PSE-EE fue rechazada por el portavoz del gobierno vasco, el peneuvista,
Miren Azkarate, que no vio motivos para retirar el Plan, pidió a
los socialistas vascos que concretaran su propuesta y que como en Catalunya
reconozcan que Euskadi es una "nación" con "derecho
a decidir y ser consultada sobre su futuro". Una respuesta en la misma
línea que el portavoz de la línea dura del PNV, Joseba Egibar,
que criticó que "en nombre de un nuevo clima, de la nueva era
que queremos abrir, se nos diga que retiremos una propuesta que ya cuenta
con el apoyo de tres partidos." El secretario general del PSE-EE, Patxi
López, expresó su decepción por lo que calificó
de "lamentable error" ante "el primer gesto" de "una
nueva etapa presidida por el diálogo y el entendimiento." El
PNV no busca negociar su plan sino su "imposición", pues
"cuando se les ofrece reformar el Estatuto con consenso suficiente
dicen que no", lo que demuestra que siguen anclados "en la etapa
anterior."
El 1 de abril se reúne por primera vez la ponencia creada por
el Parlamento vasco para la discusión del Plan y que según
Eguiguren será "puro teatro", pues el "único
debate que se va a producir es entre los tres partidos del propio Gobierno".
El diálogo que ofrecen los nacionalistas es capcioso, "plagado
de condiciones, de aceptas la autodeterminación o hay nada que hacer."
Las perspectivas inmediatas del Plan son inciertas. El proyecto sólo
podrá proseguir su andadura parlamentaria a expensas de la resolución
del Tribunal Constitucional planteada por el PP para impedir su debate en
la cámara vasca si cuenta con el apoyo de los ocho diputados
de Batasuna-SA; algo imposible si ETA no proclama una tregua, lo cual no
debe descartarse a luz del comunicado conciliador que la organización
armada difundió después del 14-M. El Plan tampoco podrá
contar con el apoyo del PSE-EE, al situarse al margen del consenso constitucional
y estatutario, y mantener un foco de enfrentamiento con el Estado. Como
recogió El País (29/03/04), la pregunta "¿Dónde
está el Plan B del lehendakari?" se extiende entre políticos
y analistas.
Tensiones en el tripartito catalán
En Catalunya, pasadas las primeras alegrías y coincidiendo con
los primeros cien días del tripartito, se genera una agria polémica
sobre las consecuencias constitucionales de la reforma del Estatut. Una
discusión que, con el telón de fondo del triple desafío
lanzado por ERC, revela que la vía catalana no será un camino
de rosas.
Pasqual Maragall, presidente de la Generalitat y del PSC, aprovechó
la reunión del Consell Nacional del partido (28/03/04) para enunciar
sus prioridades políticas en la nueva etapa. El PSOE, que se ha liberado
de las hipotecas del PP y de su doctrina sobre la "unidad de España",
más allá de administrar la victoria debe "proceder a
una relectura de los textos fundamentales" y a su eventual reforma.
El primer secretario del PSC y futuro ministro de Industria, José
Montilla, será el encargado de defender en el Consejo de Ministros
las tesis federalistas y combatir al sector centralista y jacobino del PSOE,
representado por el titular de Defensa in pectore, José Bono.