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El Viejo Topo 193 El Viejo Topo

Paisaje después del 14-M

por Antonio Santamaría
El Viejo Topo nº 193, mayo 2004

Número de páginas: 5
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El acto de reafirmación del 27 de octubre en el coso de Vistalegre, precedido por la concentración "espontánea" ante la sede central del PP en la calle Génova ­un patético remedo de las movilizaciones del 13 de marzo­ señala el intento de la cúpula aznarista por aglutinar al grueso de la militancia y acallar críticas internas como las formuladas por Josep Piqué que reclaman una interpretación autocrítica del 14-M que vaya más allá de echar las culpas a los demás y la pronta convocatoria del congreso del partido. Piqué recibió el castigo por su osadía de la mano del histórico Josep Curto, que le devolvió la pelota exigiendo su dimisión y la convocatoria de un congreso extraordinario como lógica consecuencia de la pérdida de la mitad de la representación parlamentaria en Catalunya. Por esta regla de tres, Rajoy, que a diferencia de Piqué sí se presentó a las elecciones, debería haber presentado inmediatamente su renuncia.
El resultado de las negociaciones para la composición del Congreso y Senado muestran el aislamiento del PP. Los socialistas, a costa de ceder varios puestos en las mesas de ambas cámaras, consiguen arrebatar al PP la presidencia del Senado, que podría haber obtenido con el apoyo de Coalición Canaria (CC). Precisamente, cuando en la cámara alta será objeto de una reforma constitucional.
La soledad internacional de un Aznar desacreditado se hizo manifiesta en su triste despedida de la Unión Europea. Por su parte, la secretaría de Estado norteamericana se apresuró a desmarcase de los medios ultraconservadores USA que atribuyen la victoria del PSOE a un acto de cobardía del electorado español, ante el temor de una ofensiva del terrorismo islámico. Una interpretación que hace de Zapatero el presidente de Al Qaeda y que constituye un insulto al pueblo español. Para el subsecretario, Richard Armitage, la derrota de Aznar se explica por una "reacción de la gente ante lo que percibieron como una mala gestión por parte del gobierno actual" (La Vanguardia 18/03/04). Una línea que reafirmó Collin Powell en los funerales de Estado. A nadie se le escapa que el hundimiento de Aznar y la eventual retirada de las tropas españolas del Iraq pueden significar el principio del fin de la Coalición. Un serio revés para Bush, inmerso en la precampaña de las presidenciales de noviembre, incapaz de estabilizar la situación del Iraq, a pesar de la captura de Saddam Hussein y con un aspirante demócrata, John Kerry, pisándole los talones.
El éxito de Zapatero fue sentido casi como propio en las cancillerías de París y Berlín. España deja de operar como el caballo de Troya norteamericano en la UE, como se puso de manifiesto en la Cumbre de las Azores y en la célebre Carta de los ocho, y vuelve a alinearse con el eje franco-alemán. Prueba de la nueva sintonía es el casi inmediato desbloqueo de la Constitución europea, vetada por Aznar, que se apoyó en Polonia, el país del Este más pronorteamericano y que ahora será solemnemente suscrita en Madrid. Blair, que atraviesa uno de sus peores momentos, es el único líder mundial que tuvo la delicadeza de despedirle personalmente.
El PP se juega mucho en las europeas del 13 de junio. Un nuevo retroceso electoral obligaría a realizar un cambio de orientación política, que implicaría el relevo de la actual dirección, instalada en posiciones cada vez más derechistas. Por el contrario, un buen resultado sería interpretado como una confirmación de la estrategia del actual equipo dirigente y una prueba de la solidez de una base electoral, situada en posiciones muy conservadoras. El PP abarca un amplio espectro ideológico, de la extrema derecha al centro liberal. En Francia, Alemania, o Portugal la derecha y el centro son espacios políticos diferenciados, que cuentan con partidos propios; también en España la Transición arrancó con esta representación dual: el centro UCD-CDS y la derecha AP-PDP-PL. La refundación aznarista de la que surge PP reúne a estas dos corrientes en un bloque que los ocho años en el poder han contribuido a consolidar. Si no se verifican cambios en la actual dirección del partido no se puede descartar la emergencia de una fuerza de centro liberal en el interior o extramuros del PP.
Izquierda Unida en crisis
La apelación al voto útil de Zapatero al principio de la campaña, cuando se comprometió a formar gobierno sólo si obtenía más votos que el PP, jugó tras el 11-M inesperada y ampliadamente a su favor. Un compromiso muy criticado por el líder de IU, Gaspar Llamazares, que lo interpretó como una agresiva OPA hostil, que enturbia las relaciones entre las dos formaciones, mayoritaria y minoritaria, de ámbito estatal de la izquierda española, marcadas por años de hostilidad. Recordemos la sentencia de Alfonso Guerra: "lo que hay a la izquierda del PSOE es problema de la Guardia Civil" y la estrategia de destrucción y asimilación de IU en la "casa común" de la izquierda. Desde IU, Julio Anguita concebirá la teoría de las "dos orillas", soporte ideológico de la famosa pinza que, en la práctica, otorgará al PP el gobierno de muchos ayuntamientos y gobiernos autónomos, donde existe una mayoría de izquierdas. Esto, unido a su estilo autoritario de dirección, provoca la escisión de Nueva Izquierda de López Garrido que se integrará en el PSOE, la ruptura con Iniciativa per Catalunya (IC) y el derrumbe en las municipales y autonómicas de 1995.
La caídas casi simultáneas de los carismáticos González y Anguita propician que, en la precampaña de las generales de 2000, Joaquín Almunia y Francisco Frutos suscriban un pacto preelectoral que no impide que la izquierda coseche el peor resultado desde la reinstauración de la democracia. A pesar de este poco estimulante precedente, la situación creada por la mayoría absoluta, el giro a la derecha del PP y la renovación en las direcciones de PSOE e IU favorecen la aproximación y la colaboración entre Zapatero y Llamazares. Una alianza que se materializa en la huelga general, las movilizaciones del Prestige y contra la guerra. La crisis de la Comunidad de Madrid, que comporta la repetición de los comicios, aborta la que hubiera sido la primera experiencia de gobierno PSOE-IU y deja un regusto amargo, sólo parcialmente compensado por la formación del tripartito en Catalunya.
A diferencia de Rajoy, Llamazares pone inmediatamente su cargo a disposición de la dirección de IU, a sabiendas que difícilmente se aceptará, pues es evidente que circunstancias de "fuerza mayor" ha precipitado el desastre electoral y que su dimisión debilitaría aún más la imagen de la coalición. En cambio, sí se admite la renuncia a sus cargos en IU de Frutos, secretario general del PCE, que aspiraba a encabezar la candidatura de las europeas. La debacle de IU, que sólo conserva tres diputados y pierde todos sus escaños en Andalucía, le obliga a pactar, de igual a igual, con los dos diputados de ICV-EUiA para formar grupo parlamentario. Los ecosocialistas catalanes imponen sus condiciones; por un lado, otorgar la portavocía del grupo a Joan Herrera; por otro, reorientar política e ideológicamente la coalición hacia el discurso ecologista y altermundista, hacia la juventud y los nuevos movimientos sociales.
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