-Yo creo que el etnocacerismo está muy unido a la figura del padre de Ollanta. En la campaña electoral el etnocacerismo tuvo un gran protagonismo porque se intentó convertir a Ollanta en un nacionalista étnico. Pero justamente lo que había construido era una alternativa a ese nacionalismo étnico. Ollanta, como la mayoría del pueblo peruano, y mucho más después de las cosas que han ocurrido en los últimos veinte años, tiene un sentimiento nacional extremadamente profundo, y reivindica la independencia nacional y la soberanía política y económica del país, un país extremadamente rico en todo lo que carecen las grandes potencias imperialistas. Es un país rico en petróleo, en gas, en biodiversidad, en agua, que las grandes transnacionales están saqueando sistemáticamente. Humala reivindica que esa riqueza esté al servicio de las necesidades básicas de las personas, de cerca del 60 % del país, que vive en condiciones de pobreza y de miseria. A diferencia del etnocacerismo, Ollanta Humala ha reivindicado un nacionalismo cívico, un nacionalismo emancipatorio, un nacionalismo antiimperialista que no tiene ningún problema en sumarse a propuestas de carácter socialista. Esta línea de demarcación con el etnocacerismo le ha costado a Humala diferencias públicas y notorias con una parte de su propia familia. Esa fue, creo yo, una señal de valentía, de audacia. Humala sabe que un nacionalismo de base étnica tendría un apoyo muy minoritario en la sociedad peruana, pero, sobre todo, sabe que un nacionalismo de esas características no podría intervenir activamente en lo que para Ollanta es un tema fundamental: la construcción de una gran nación. Como decía Arguedas en Todas las sangres , con la sangre blanca, criolla, mestiza, negra, es decir, con todas las sangres que configuran esta riquísima y fecunda pluralidad que es América Latina.
- Ese énfasis en la construcción de una gran nación, ¿cómo encaja en el proyecto popular que desde Chávez, y ahora con Evo Morales, se está urdiendo en torno a una posible integración latinoamericana?
-Yo creo que en Humala esa idea está sólidamente enraizada. Hoy por hoy, en la política latinoamericana la relación con Chávez está demonizada. La posición política que defendió Alan García fue: "o Chávez, o Perú", esa fue la gran manipulación. Es la última línea de resistencia de los partidos de la derecha criolla, como el APRA -porque el APRA no es otra cosa que el instrumento que le queda a la derecha económica criolla para mantenerse en el poder-. En ese contexto político Chávez aparece como el demonio, y eso les viene muy bien, tener un enemigo externo para disimular que no tienen ninguna alternativa real a lo que está ocurriendo. Ollanta tiene las cosas muy claras. Para él es perfectamente compatible defender los intereses nacionales del Perú con una visión latinoamericanista. Es más, la audacia de Ollanta y de este nacionalismo cívico y emancipatorio consiste justamente en comprender que la única manera de defender los intereses nacionales de Perú es hacerlo en el marco de unaa Latinoamérica unida, integrada política, económica y socialmente. Y por tanto coincide visible y activamente no sólo con Chávez, o con Evo Morales, sino con otra experiencia que puede ser Kirchner o el mismo Lula. Ollanta Humala ha estado defendiendo, frente a las transnacionales y al imperialismo, el máximo de unidad posible en América Latina, avanzando hacia la creación de un amplio frente que vaya más allá del eje del mal : Cuba, Bolivia y Venezuela. Ollanta ha defendido buscar puentes, porque en la integración latinoamericana están interesados los pueblos argentino, brasileño, paraguayo... Todos los pueblos están necesitados de unir fuerzas frente a la agresividad del vecino del Norte, que cada día se implica más en los asuntos de América Latina.
- Antes has comentado que el proyecto de Ollanta Humala incluía la democracia participativa, que has definido como una democracia comprometida con la transformación social. Pero esa definición tan amplia no se corresponde con lo que usualmente entendemos en Europa como democracia participativa. ¿A qué modelo de democracia te referías exactamente?
-En América Latina, en todos los países -y en Perú más rotundamente porque el neoliberalismo fue impuesto a sangre y a fuego, aprovechando sobre todo la guerra contra Sendero Luminoso-, ha habido una transición a la democracia que, como decía muy bien Agustín Cuevas, ha sido una transición a democracias restringidas. ¿En qué sentido restringidas? Eran democracias que no podían cuestionar dos cosas: el modelo económico -neoliberal- y las relaciones con el imperio. Son democracias que no cuestionaban el poder de la oligarquía, y no cuestionaban la sumisión a las directivas norteamericanas, que consiste en hacer lo que diga la embajada estadounidense en cada país. En América Latina ese tipo de democracia ha entrado en crisis definitivamente. Hoy la profundización de la democracia exige cuestionar las bases del poder económico y político dominante en estos países, que al fin y al cabo es el poder de una irrestricta oligarquía dominada por el capital transnacional. Cuando digo capital transnacional no estoy hablando de mitos; en lo que nos afecta, estoy hablando de Telefónica, de Repsol, del Bilbao-Vizcaya, del Santander, de Endesa, de potencias con las que España y su capitalismo juegan un papel fundamental, obviamente subalterno al capital norteamericano, pero que está succionando una parte fundamental del excedente de estos países, saqueándolos y empobreciéndolos. Hoy, como está demostrando Chávez, y especialmente Evo Morales, cualquier proyecto democrático exige que la democracia implique el desarrollo económico del país y entrar a fondo en la cuestión social. Para mí la democracia participativa no es sólo un mecanismo de gestión democrática, de si se van a poner o no mecanismos de referéndum popular, de qué poder van a tener las asociaciones, la revocación o no de los cargos públicos, que es lo que se entiende por democracia participativa en el mundo occidental. Para mí la democracia participativa en América Latina es, como diría Arthur Rosenberg, una democracia social, una democracia económica, una democracia política. Una democracia comprometida con la transformación social, con la nacionalización de los recursos, con un sector público fuerte de la economía, con las prestaciones sociales, con la educación, la sanidad y la cultura. Esa es la democracia participativa. En América Latina habrá democracia participativa no solamente porque se regenere y se reconstruya el tejido democrático, sino porque la democracia será social, será económica y será cultural. Eso está unido, en el caso de Perú, a la lucha por una descentralización del poder político, dando más peso a las regiones frente al carácter absorbente de Lima; tiene que haber una democratización y mecanismos de control sobre la corrupción -porque en América Latina y en Perú la corrupción es "el sistema"; la corrupción es un epifenómeno de la política, es el modo que tiene el sistema de esta democracia restringida de perpetuarse-; y han de establecerse medidas de democratización del poder y de democratización de la política, para la reconstrucción de un tejido democrático sólido.
-Tras la victoria de Alan García hubo acusaciones de fraude. ¿Hubo un fraude significativo?