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El Viejo Topo 227 El Viejo Topo

Entrevista a Manuel Monereo:

por Miguel Riera
El Viejo Topo nº 227, Diciembre 2006

Número de páginas: 4
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Manolo Monereo ha viajado en los últimos meses en repetidas ocasiones a Perú, donde ha llevado a cabo un trabajo de investigación para un libro que publicará en su día El Viejo Topo. Por ello ha tenido ocasión de observar los acontecimientos políticos que han tenido lugar en Perú antes y después de las elecciones generales. Buen conocedor de la realidad latinoamericana, nos cuenta aquí sus impresiones sobre la situación que vive el país andino.
-¿Podrías comentar en líneas generales cuál es la situación política y social en Perú después de la victoria de Alan García?
-En Perú quien ha ganado ha sido el continuismo, es decir, las fuerzas que quieren mantener el actual estado de cosas, lo que podríamos llamar el fujimorismo renovado. En América Latina en general, y en Perú en particular, se ha producido una contrarrevolución de masas que ha instalado con gran fuerza el neoliberalismo. Esa contrarrevolución ha transformado la realidad peruana, la composición social, el papel del Estado, la relación entre la economía y la política, etc. Ese estado de cosas es básicamente lo que se mantiene hoy en Perú. Por un lado se aprecia la aspiración difusa, y a veces hasta confusa, de transformar esta situación que es profundamente injusta, yo diría que inhumana, y por otro están actuando las fuerzas de la conservación. Las fuerzas que de una u otra manera quieren mantener y ganar definitivamente este pulso neoliberal contra la sociedad. Fuerzas que tienen nombre y apellidos: la oligarquía criolla, con todo su peso, y el gran capital internacional, dirigido y organizado eficazmente por la embajada norteamericana.
- Has empleado la expresión "contrarrevolución de masas". ¿Puedes aclarar este concepto?
-Las revoluciones comienzan unas veces por arriba y otras por abajo. Decía un conocido estudioso latinoamericano, Franz Hinkelammert , que el neoliberalismo es una guerra de clases dirigida por los de arriba. Yo también lo veo así. Ha habido una contrarrevolución de masas en el sentido de que, desde el poder, con el thatcherismo, el reaganismo, con distintas formas y mecanismos en América Latina, donde en la mayoría de los casos fue mediante golpes de Estado, se desencadenaron procesos de contrarrevolución que arrastraron a una parte sustancial de la población y que generaron una transformación social profunda. Lo que ha habido en América Latina es una contrarrevolución organizada desde arriba por los grandes poderes en torno a las consignas básicas del neoliberalismo. Esa contrarrevolución ha triunfado en muchos sentidos. Ha conseguido cambiar la estructura de clases empobreciendo a una parte sustancial de la población, marginando una parte de las capas medias, ha desestructurado a los sindicatos, lo ha privatizado todo, incluso ha modificado los componentes ideológicos, porque la privatización de los medios de comunicación de masas ha sido de gran magnitud y ha tenido sus efectos. Hoy la salud es una mercancía, la educación es una mercancía... y los vínculos sociales se han desestructurado profundamente. También ha cambiado la relación entre lo político y lo social, en el sentido de subordinar la política y lo social a los intereses de esto que se llama eufemísticamente la economía de mercado, y ha liquidado los aspectos más relevantes del Estado que había ido construyendo eso que se ha llamado el desarrollismo en América Latina. Ha habido un auténtico "cambio de sociedad", en el sentido de una involución social enormemente importante. Eso ha tenido como consecuencia también la liquidación en parte de la propia izquierda tradicional. La izquierda comunista y socialista que había tenido influencia en América Latina ha sufrido este envite, porque los nichos sociales donde esta izquierda se organizaba y se reproducía se ha ido liquidando, especialmente en Perú. Por eso todos los procesos que se están abriendo en América Latina son profundamente "impuros", en el sentido de que ni los dirigentes ni las fuerzas políticas se corresponden con cómo concebía la izquierda socialista-comunista la política, los movimientos sociales, etc. Puede ser sorprendente, para un hombre de la izquierda europea, llegar a Perú y encontrarse con que es un partido nacionalista quien se ha convertido en el portavoz de los pobres, de los desheredados, de un sector de intelectuales que están reivindicando, al fin y al cabo, que haya una democracia más auténtica y que haya justicia social.
-¿Qué significó la irrupción de Ollanta en el mapa político peruano?
-Significó la resistencia política al neoliberalismo y a la liquidación de lo que queda del Estado peruano. Frente a la contrarrevolución de masas cada pueblo se inventa su forma de resistencia. No hay que olvidar que América Latina es el único lugar donde hay una resistencia de masas al neoliberalismo. Es el único lugar donde se están construyendo alternativas al neoliberalismo, y el único lugar donde se está intentando resituar de nuevo lo que tradicionalmente hemos llamado socialismo. Estos tres elmentos tienen también su lugar en Perú. Seguramente porque Perú es de los países donde el neoliberalismo avanzó más, donde se aplicó con más dureza, con más fuerza. Por ejemplo, basta pensar -en todas las encuestas hay unanimidad en esto- que más del 67% de los peruanos están dispuestos a abandonar el país, y que esa cifra llega a más del 70% si se trata de gente de menos de 30 años. Son países liquidados política y socialmente, países con una enorme fractura social. En ese contexto de fractura social, étnica y geográfica de grandes dimensiones, están surgiendo portavoces de esa resistencia popular, que es social, cultural, política... En Perú, en un momento determinado, en un contexto político muy preciso aparece la figura de Ollanta Humala. Humala es un militar con una brillante carrera que tuvo que vérselas con Sendero Luminoso en la guerra antisubversiva. En un momento determinado protagonizó una insurrección militar contra Fujimori que fue -sobre eso hay un acuerdo general- un acelerador de la caída del régimen. Y, en ese contexto, este hombre que había venido defendiendo una posición nacionalista y antiimperialista crea, prácticamente un año antes de las elecciones, el Partido Nacionalista Peruano, y pone en marcha un movimiento muy difuso, muy heterogéneo que en torno a su figura empieza a recoger las reivindicaciones básicas de la resistencia popular frente al neoliberalismo. Esas reivindicaciones son, en primer lugar, el rescate de los recursos naturales. Perú es potencialmente muy rico si consigue rescatar sus recursos del expolio internacional. La segunda, reconstruir el Estado. El Estado ha sido destruido en todo lo que tiene que ver con aspectos de regulación del mercado y de política social. La tercera es la lucha por una democracia participativa. Esto tiene una concreción muy precisa: se pretende una democracia comprometida con la transformación social. Y en cuarto lugar, una perspectiva de integración latinoamericana. Estas cuatro grandes reivindicaciones son las mismas que señala Evo Morales, las mismas o parecidas que señala Chávez, las mismas que está defendiendo Correa en Ecuador, y las mismas que reclaman tantas otras luchas sociales en América Latina, que pugnan justamente por reconstruir sociedades, vínculos sociales y una política que respete la soberanía popular, en el sentido pleno. Es decir, reconstruir unas políticas que hagan al país independiente de la oligarquía y del capital internacional, y que pongan la economía al servicio de las personas, sobre todo de las más pobres, que son más de la mitad de la población. Y también fortalecer las instituciones que hagan posible que la democracia sea algo real y no un simple método para elegir la elite dominante.
- Iba a preguntarte cuál era la proximidad de Ollanta con Chávez y con los nuevos movimientos populares que están creciendo en América Latina, pero de hecho ya lo has contestado... Y, ¿cuál sería la proximidad, o la lejanía de Ollanta con el etnocacerismo?
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