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El Viejo Topo 224 El Viejo Topo

Malévich, estación sin parada

por Higinio Polo
El Viejo Topo nº 224, Septiembre 2006

Número de páginas: 4
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Un año antes, en 1922, se había publicado el manifiesto de la AkhRR , Asociación de artistas de la Rusia revolucionaria, que reclama un "realismo heroico", y, poco después, en 1923, el LEF ( Levogo front iskusstva , o Frente Izquierdista del Arte), donde participan Maiakovski, Osip Brik y otros, hace un llamamiento para asegurar la victoria del arte de masas, de la construcción de la vida, del comunismo, exigiendo la colaboración de las distintas tendencias artísticas. En esos años, Malévich está poco interesado en la pintura suprematista, aunque siga muchos de sus principios: se aboca hacia la creación de un pensamiento espacial, arquitectónico. Hace arquitecturas, maquetas, que fueron reconstruidas muchos años después por el Beaubourg de París, dándonos así una nueva dimensión del trabajo de Malévich. En la gran exposición retrospectiva de pintura soviética que se realiza en 1932 (¡quince años ya!), en Leningrado, pueden verse algunos arquitectones, en un momento en que Malévich está trabajando con ideas para diseñar una "ciudad socialista", y donde, sin duda, tendrían esos arquitectones una función decisiva. Pretende crear un arte total , donde se funden disciplinas diversas.
La desaparición de Lenin y, cinco años después, la retirada de Lunacharski del comisariado de Instrucción Pública, reduce la capacidad de acción del arte y de los artistas: si en los años de agitación revolucionaria las propuestas estéticas se multiplicaban y luchaban entre sí, ahora la función artística y el papel del autor se codifica en un registro que apunta exclusivamente a su obligación de respetar la liturgia de los artistas como compañeros de viaje de las propuestas políticas del Estado socialista. Poco antes, en 1927, Malévich conoce en Alemania a Moholi-Nagy, a Schwitters, Arp, Gropius, y, en Dessau, visita la Bauhaus, en cuyo desarrollo había influido su propia propuesta teórica, su programa metodológico y su didáctica del hecho artístico. Vuelve precipitadamente de Alemania: el clima político está cambiando, hasta el punto de que Malévich es detenido. Estuvo en prisión, en 1930, aunque por poco tiempo, pero su vida personal se complica y el ambiente artístico y político se oscurece. Su forma de entender el arte ha cambiado. Aparece en sus pinturas, de nuevo, el mundo campesino, abordado desde la figuración, aunque sin renunciar a la carga suprematista que tanto le había absorbido años atrás. Había vuelto a hacer pintura de caballete, y, al final de su vida, Malevich estaba ya lejos de considerar que el individualismo vital y artístico no era útil, como había considerado el neoplasticismo y había aplicado el movimiento revolucionario. Se encierra, trasciende. El Cuadrado rojo , de 1915 (que subtitula Realismo pictórico de una campesina en dos dimensiones , con intención paródica), tiene una réplica en otro Cuadrado rojo del mismo año, más pequeño (el primero, rodeado de una franja blanca, y, el segundo, pintado sobre fondo blanco) y una secuela en el Cuadrado negro , de 1929. Los cuadrados son irregulares, pintados así de forma deliberada, aunque el espectador no lo perciba de inmediato.
Así, a finales de los años veinte, otra vez hace figuras: de deportistas y muchachas, pero sobre todo de campesinos, como si quisiera construir una ontología del mundo rural. Es el postsuprematismo. En esos cuadros, Malévich ha vuelto a la figuración, y los personajes están construidos siguiendo la percepción geométrica de Cézanne: todo puede reducirse a unas cuantas figuras: el cuadrado, la esfera, etc. Ese rasgo no era nuevo. De hecho, Malévich venía haciéndolo desde los años de la gran guerra . De esa etapa de su vida, destacan Deportistas , de 1930-31, donde las cuatro figuras posan sobre el horizonte: parecen caballistas del palio de Siena; Muchachas en un campo , de 1928-1929, que muestra a tres jóvenes, de frente, sin rostros, en un paisaje labrado; Campesina con la cara negra , de 1930, donde algunos han visto una metáfora contra el estalinismo; Casa roja , de 1932; Cinco personajes con la hoz y el martillo , de 1930, y Caballería roja , de 1932, donde vemos a los jinetes agitarse en sus monturas, todos resueltos en color rojo, avanzando por la línea del horizonte. Los más críticos con la evolución política de la URSS inscriben los cuadros figurativos de los últimos años de vida de Malévich en una lectura reprobatoria, de protesta sutil, aunque no dejan de tener equivalencia estética en la transformación que conoce el arte soviético de esos años, con el afianzamiento del realismo socialista. Malévich casi había llegado al final: pasa sus últimos meses enfermo, hasta que el cáncer lo fulmina. Dejaba el blanco, negro, rojo: los colores básicos del suprematismo. El cuadrado negro (con su réplica de 1917, el cuadrado rojo). El suprematismo para vencer el caos. El testamento de Malévich es sencillo, no sé si terrible: lo escribe el 9 de agosto de 1932, casi tres años antes de su muerte, y en él pide que el Estado socialista se encargue de su familia (Una, su hija de 12 años; Natalia, su mujer; y Ludviga, su madre), y que construyan su proyecto La Columna , de 1932, en un lugar visible de Moscú. Es el gobierno soviético quien tiene que hacer las dos cosas. Malévich acaba su testamento: "Creo que eso es todo. Un apretón de manos a todos. Con un saludo de camarada."
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