www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
El Viejo Topo 224 El Viejo Topo

Malévich, estación sin parada

por Higinio Polo
El Viejo Topo nº 224, Septiembre 2006

Número de páginas: 4
imprimir

De igual forma, en Estación sin parada , de 1913, dispone un gran interrogante sobre la tabla, mientras procede a la deconstrucción de la escena, que refuerza el cero que anuncia la abstracción, el mundo de lo desconocido, donde se destruyen las convenciones: porque ¿es posible una estación de ferrocarril sin parada? Lo es, y Malévich lo intuía, aunque no por completo. En su Retrato perfeccionado de Iván Vasilievich Kliunkov , de 1913, una excepcional tela cubofuturista, encontramos el germen del constructivismo, aunque, paradójicamente, los constructivistas considerarán que los planteamientos de Malévich son opuestos a los suyos. La Composición con la Gioconda , de 1914, muestra la ironía interpretativa con que Malévich aborda el arte del pasado, incluso el canónico: en el cuadro, en ruso, pinta: "piso en venta en Moscú", al lado de cuadrados negros y blancos, rebajando el icono renacentista a un reflejo del pasado que se ha convertido para el poder en una mercancía burguesa más. El óleo (y collage ) es una obra maestra del alogismo , que, en otra dirección, sigue la línea marcada por Marinetti de desdén por el Renacimiento.
En 1915 Malévich crea su Cuadrado negro , al que, dos años después, seguirá el famoso Cuadrado blanco sobre fondo blanco , además de publicar un manifiesto titulado Del cubismo al suprematismo (en cuya redacción participó Maiakovski). De hecho, el cuadrado negro tenía su origen en la ópera de 1913, Victoria sobre el sol : diez años después pintará otro cuadrado negro que hoy se encuentra en el Museo Estatal ruso de San Petersburgo, y un tercero, que se guarda en la Galería Tretiakov: ambos pueden verse en la muestra que recorre España. En ese momento, Malévich organiza el espacio pictórico con figuras geométricas, partiendo de una radical abstracción. Si se aceptan las palabras del pintor, su origen está en 1913 (aunque esa fecha es impugnada por otros), y marca su paso a la abstración total, y, para él, el fin de la figuración en el arte moderno. Aunque la vida iba a dar muchas vueltas todavía: la revolución ya se anuncia en el horizonte con la explosión de energías proletarias y artísticas que traería. Cuadros como Composición no figurativa , de 1915, y Suprematismo n. 55 , de 1915, un estudio magnífico, son telas de una gran sencillez y belleza, donde Malévich juega con el color, con las figuras geométricas donde algunos tratadistas han querido ver significados ocultos, guiños para iniciados en la cofradía del suprematismo.
Durante la década siguiente, Malévich se sumerge en la revolución bolchevique, cuya política cultural dirige Anatoli Lunacharski, mientras surgen múltiples tendencias artísticas, aparecen grupos y nuevas ideas, y la ebullición artística corre paralela a la agresión de las potencias capitalistas que se apresuran a enviar soldados, recursos, mercenarios, para ahogar al país de los sóviets. Su obra Conferencia por la lucha contra el desempleo , de 1920, un gouache y acuarela sobre cartón, de unos diez centímetros, ilustra las preocupaciones del momento, aunque bullen las propuestas de diferentes artistas y las del propio Malévich. La figura de Zhdanov, futuro rector del realismo socialista, a quien Eisenstein y Shostakovich tuvieron que padecer, es irrelevante todavía. Malévich anima discusiones y grupos, escribe y desarrolla un pensamiento propio donde está presente la preocupación por la relación entre el ser humano y Dios, pero apenas pinta. La oscuridad de sus textos, que algunos exégetas han considerado filosóficos, refleja la confusión y la lucha por el predominio artístico y social que recorre la sociedad soviética, pero también la penumbra en que Malévich se movió muchas veces: no porque fuese un personaje retraido, torturado sino por la confusión interpretativa que hacen de su actividad artística. Incluso en los años convulsos del triunfo revolucionario, sus contemporáneos dudan: su cuadrado negro tanto puede representar la derrota histórica de la burguesía, como el triunfo de los trabajadores. Malévich escribe después que "el suprematismo es el arte puro reencontrado", e insiste en que los suprematistas han abandonado la representación de la realidad para alcanzar la sensibilidad y llegar al arte sin disfraces. Por eso, considera que no puede extrañar a nadie que su célebre cuadrado parezca vacío de contenido. De hecho, su propuesta implica abandonar la función del arte subordinado a la religión o al Estado, para adoptar la "sensibilidad pura" como criterio rector de la actividad artística, para alcanzar el grado supremo del arte, desligado de toda figuración, de toda representación. El suprematismo es para Malévich el instrumento para la trascendencia, para la creación de un nuevo dogma casi religioso: en palabras de Chagall, un "misticismo supremático". En esos años, Malévich habla de la "religión del espíritu", del cambio necesario en el universo de las creencias tradicionales, pero apenas pinta. Las hipotecas de la realidad, del mundo que refleja y aprisiona al arte, deben abandonarse, nos dice, para poder así alcanzar la expresión definitica y pura de la búsqueda de la plenitud, de la victoria de la facultad de sentir el arte.
Apenas pinta, pero desarrolla, sí, sus arquitectones (que tanto influyeron en Mondrian y Theo van Doesburg), llevando el suprematismo hacia la preocupación por el volumen. En 1923, Malévich publica un manifiesto suprematista y es elegido director del Museo de Cultura Artística de Petrogrado (después, Leningrado), que ha sido calificado como el primer museo de arte moderno creado en el mundo. Con él, trabajan Filonov, Matiushin, Tatlin. El constructivismo de Tatlin, que se había expresado de manera excepcional en su proyecto, de 1919, para el Monumento a la Tercera Internacional , renueva la arquitectura y el arte, mezclando disciplinas, y, gracias al trabajo de El Lissitski, se fusiona con muchos aspectos del suprematismo: Malévich colabora así con esa corriente, y sus arquitectones tienen la impronta de muchas de las nuevas inquietudes y propuestas constructivistas. Giulio Carlo Argan relaciona el geometrismo del grupo Asnova (Lissitski, Golosov, Melnikov) con el racionalismo bolchevique, con la revolución que está creando un mundo nuevo: ahí encontramos a Malévich, que está muy interesado en De Stijl y el neoplasticismo holandés, que había nacido de las inquietudes de Mondrian.
Número de páginas: 4
imprimir


Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Miércoles, 15 de Octubre de 2008 22:48:08