Ante la crisis de las caricaturas de Mahoma, la izquierda -sobre todo en España- ha reaccionado mayoritariamente de una forma "políticamente correcta", destacando el contexto de la crisis y valores como la "tolerancia". Quizá por eso esa misma izquierda ha optado por esconder la cabeza bajo el ala cuando a Leo Bassi le han puesto primero una bomba en el teatro y le han obstaculizado la representación de su obra después.
Lo que he escrito, escrito está . Juan. 19, 22.
¿Por qué vuestra Ley necesita estar escrita?
¿Por qué vuestra justicia necesita de la Ley?. La Polla Records.
La evidente hegemonía judeocristiana en Europa occidental (existen unas 8.000 sectas, aproximadamente, que se autodenominan cristianas ) y la reinstauración de la sharia en el área de influencia islámica nos han dejado un extenso catálogo de restricciones de orden jurídico/moral (la homosexualidad, el sexo recreativo, el adulterio, la interrupción voluntaria del embarazo, etc.) articuladas a través de diferentes mecanismos de coacción o punición.
Como es sabido, las tres grandes religiones monoteístas comparten la misma estructura y gran parte de un mismo relato ideológico. Es decir, parten de un meta-relato que se prolonga -con variaciones e interconexiones- en los " libros sagrados " -la Biblia , el Corán , y la Torah . Cada discurso religioso adapta el "gran-relato" a sus necesidades histórico-políticas y se pone al servicio de l as correspondientes elites geoteológicas .
La autonomía relativa de las representaciones simbólicas
Cuando el conflicto entre religión y representación se manifiesta en forma de censura no se trata de una cuestión teológica - si así fuese, la misma "blasfemia", la "herejía", afectaría por igual a las tres religiones monoteístas, lo cual sería imposible gestionar políticamente - , sino una batalla por la autogestión de la representación simbólica.
Tres "casos" ilustran esta afirmación: 1º) La retirada -antes de la representación- de las subvenciones públicas y las " ayudas privadas " al festival que programó la obra de Leo Bassi - La Revelación - en Toledo (España). 2º) La exposición de Santiago Sierra -" 245 metros cúbicos "- en Pulheim (Alemania) "suspendida" por las "autoridades políticas" hasta que " el artista comparezca ante el Consejo Central de los Judíos en Alemania y este dictamine sobre la misma ". 3º) La publicación a finales del 2005 de una serie de caricaturas de Mahoma en el periódico Jyllands-Posten (Dinamarca), que se convierte en febrero de 2006, en una "crisis diplomática internacional". En los tres casos el resultado ha sido el mismo: la imposición política e institucional del "respeto a las creencias religiosas" ante el "relativo" derecho a la libertad de expresión.
La cuestión de fondo, por tanto, es: a) ¿Puede mantenerse una posición laica coherente en defensa de la "libertad de expresión" -por muy limitada que ésta esté bajo el capitalismo- frente a la censura religiosa presentada como "respeto a la fe religiosa"? b) ¿Es posible desde el laicismo permanecer neutrales, sin resultar ridículamente ajenos, en la guerra geoteológica total ? c) ¿Pueden, a través de la recuperación del ateísmo teórico-práctico como alternativa global -y haciendo valer su 15%-, conseguir ls ateos que se les considere como minoría de obligado respeto por todo Estado, e invalidar así toda posibilidad de teocracia potencial?
Estas tres interrogaciones tienen relación con un artículo del iconoclasta Zizek ( El Mundo , 16/3/06) que plantea la cuestión de las caricaturas de Mahoma desde una perspectiva muy sugerente:
Y es que el respeto a las creencias del otro como valor máximo no puede significar más que una de estas dos cosas: o tratamos al otro con una actitud de condescendencia y evitamos herirle a fin de no echar por tierra sus ilusiones o adoptamos la actitud relativista de la multiplicidad de verdades, con lo que se descalifica, por su carácter de imposición violenta, cualquier insistencia indubitada en la verdad.
Pero Zizek sabe, como buen postsituacionista, que en las sociedades-espectáculo es tabú cuestionar la legitimidad de "cualquier opinión". Sólo el respeto condescendiente al Otro supera en "valor moral" al "aséptico juicio del experto". Esto provoca que, cuando una comunidad (término premeditadamente ambiguo), o minoría (los judíos son el 0,2% del total mundial de fieles religiosos, los musulmanes el 20%, los cristianos el 35%, hagan sus cálculos) se "siente ofendida" (y lo subjetivo de lo sensible es crucial), el Estado se vea obligado a intervenir como censor. Es decir, aunque formalmente las religiones no poseen instrumentos censores directos, el recurso a la ofensa de la sensibilidad de una comunidad abstracta (acompañado del derecho a la libertad de expresión de sus clérigos) es utilizado como medio de presión política. Por tanto, lo que habría que limitar es el derecho de expresión de los clérigos sobre asuntos ajenos a su territorio -es decir; ajenos a Dios- y no la libertad de expresión en general . La estrategia diplomática ha sido la contraria, ampliar hasta el absurdo la libertad religiosa en función del pánico a una agudización de los conflictos abiertos.
El "caso Sierra" es un ejemplo inmejorable de esta maniobra de limitación de la libertad de expresión general a través de la ampliación de las libertades religiosas . La autodefensa de las "víctimas religiosas" ante sus supuestos agresores obliga a un productor cultural a pasar un filtro teológico, una censura obvia, a través de una operación de inversión de los roles. La legitimidad de una práctica artística que tenga por objeto de discurso una determinada minoría (o su historia) sólo puede ser otorgada por los representantes oficiales (reconocidos institucionalmente) de dicha minoría. Una vez más, las religiones se auto-víctimizan para conseguir su objetivo: mantener la hegemonía en la gestión política de su auto-representación.
El monólogo del cardenal y el "caso Bassi"
La escena es altamente simbólica: El arzobispo de Toledo -flamante cardenal Vaticano- en su homilía del domingo 11 de marzo y con la asistencia del alcalde de la ciudad y presidente regional del PP, José Manuel Molina, el embajador de EEUU en España, Eduardo Aguirre (católico de origen cubano) y un nutrido grupo de miembros del Opus Dei , practica la guerrilla de la comunicación : La obra de Leo Bassi ( La Revelación ) programada para el siguiente sábado en un festival teatral local, es, según afirma, un " atentado contra la fe cristiana ", una " blasfemia ", una obra " anticristiana ". La hipersensibilidad estética del arzobispo abre el "proceso".
El lunes el ayuntamiento comunica la retirada de la subvención al festival. Bassi se convierte en mercancía política. La prensa comienza a trabajar en la lógica prevista: ¿Consentirá la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha (PSOE) que una obra de teatro " anticristiana " se financie con dinero público (la Junta también subvenciona el evento) y se represente en instalaciones públicas (el Festival utiliza la Escuela de Artes de Toledo como escenario)? La interrogación es lanzada desde diversos ámbitos "seglares", que además hacen un llamamiento a la movilización de los católicos (similar al que han realizado los Guerrilleros de Cristo Rey).