Treinta años después, el país ha cambiado mucho, ha prosperado (como otros países europeos), gracias al trabajo de su gente y no por una inútil y costosa monarquía. Los vendedores de mentiras que han pretendido enterrar la memoria ignoraban que el esfuerzo de la Segunda República para llevar la instrucción y la cultura a los ciudadanos del país contrastaría con esta monarquía que reina sobre el embrutecimiento popular, el triunfo de una televisión de cloaca, el agitar de las sotanas de obispos y el fanatismo deportivo. Porque la república española era la instrucción popular, el desarrollo, la aspiración a una "España libre, próspera y feliz", como decían entonces. L a república española sigue siendo Azaña, y Federica Montseny, Durruti, Vicente Rojo, Juan Negrín, Dolores Ibárruri, Rosario dinamitera y Miguel Hernández, y está aquí, entre nosotros, de la mano de los jóvenes, cada día más presente, porque va a volver, civil, tímida y digna, persistente, añorada república española.
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Esa república española a quien derrotaron sigue mostrándose por los costurones de la España de nuestros días.