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El Viejo Topo 218 El Viejo Topo

Evo Presidente, la izquierda indígena llega al poder

por Pablo Stefanoni y Hervé Do Alto
El Viejo Topo nº 218, Marzo 2006

Número de páginas: 4
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Este primer tramo del gobierno del MAS determinará si se avanzará hacia una reforma intelectual y moral de la política o hacia un nuevo tipo de clientelismo popular que reemplace parte del personal del Estado sin cambiar de manera sustancial la forma de hacer política en el país. En gran medida, la votación al MAS expresa las mismas demandas que recogió el centroizquierda (con más o menos resultados) en otras de sus variantes continentales: mayor transparencia en la gestión pública y reconstrucción de un Estado pulverizado por dos décadas de aplicación dogmática de políticas neoliberales que precarizaron aún más las ya precarias condiciones de vida de los bolivianos (por ejemplo, producto del aumento de las tarifas de los servicios públicos privatizados).
Es un lugar común comparar este regreso de la izquierda al poder con su más inmediato antecedente, la Unidad Democrática Popular (UDP) (1982-1985), expulsada del poder por el sabotaje de la derecha empresarial (hiperinflación) y las presiones de la izquierda radical encarnada en la COB. Pero el contexto parece presentar más diferencias que similitudes con el de los años ‘80. Además de encontrar una situación macroeconómica "equilibrada", frente a la crisis de los ‘80, Evo Morales no tiene enfrente a una Central Obrera con un potencial de movilización capaz de vetar políticas estatales, como tuvo Hernán Siles Suazo, sino a una organización en la que los recuerdos de anteriores gestas heroicas pesan más que su debilitada realidad actual. Tampoco el caudillo aymara Felipe Quispe, que obtuvo menos del 3% de los votos, parece en condiciones de desafiar al liderazgo emergente de Morales.
A la legitimidad social del próximo gobierno -producto de la propia biografía de luchador social de Evo Morales, "no podemos bloquear a nuestro propio gobierno"- se suma un paraguas de legitimidad política derivada del resultado plebiscitario del triunfo electoral, que se expresará parcialmente en el plano de las instituciones: mientras el MAS contará con una mayoría absoluta en Diputados, en el Senado tendrá 12 bancas frente a 13 de Podemos, 1 del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y otra de Unidad Nacional (UN) de Samuel Doria Medina. Resulta aún incierto si las prefecturas (gobernaciones), de las cuales el MAS obtuvo sólo tres de nueve (Oruro, Potosí y Chuquisaca), se transformarán en un escenario propicio para la "resurrección" de una derecha expulsada del poder nacional, o si los intereses personales de los prefectos electos los conducirán a reacomodos que los acerquen pragmáticamente a un oficialismo que podría facilitarles su gestión local y que ya ha convocado a un "pacto de gobernabilidad".
Por otro lado, Bolivia será un laboratorio en términos de articulación entre lo político y lo social que a nivel continental se resolvió básicamente mediante dos fórmulas en apariencia antagónicas: "cambiar el mundo sin tomar el poder" o "tomar el poder sin cambiar el mundo". El zapatismo cae dentro de la primera de ellas, y experiencias como las del PT brasileño en la segunda. El desafío del MAS es buscar cómo lograr "cambiar el mundo desde el poder". Como siempre la historia se encargará de resolver la ecuación entre éxitos y fracasos, expectativas y realizaciones, trasformaciones y continuidades.
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