www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
El Viejo Topo 217 El Viejo Topo

Homofobia y mundo del trabajo

por Laurentino Vélez-Pelligrini
El Viejo Topo nº 217, Febrero 2006

Número de páginas: 4
imprimir

Las "contingencias identitarias" entre los propios gays suelen ser frecuentes en estos sectores laborales muy codificados respecto a la identidad de género. En efecto, la afirmación de la hombría por parte de ciertos homosexuales acostumbra a reforzar la situación de discriminación de muchos otros cuya representación de si mismos queda fuera de la simbología masculina. El gay "afeminado" (al menos de que utilice como moneda de cambio un papel de bufón oficial del reino) ve así multiplicadas por mil sus dificultades de integración laboral. Algunas grandes empresas, celosas de su imagen y movidas por una ideología patronal paternalista, se han apresurado por ejemplo en poner en aplicación la reforma del Código Civil votada el año pasado, concediendo el periodo de vacaciones reglamentario a los gays que acaban de formalizar su convivencia en pareja gracias a la reforma. Política que protege de las acusaciones de discriminaciones, aun a pesar de que su actitud sea asimétrica en su trato con los gays "comportamentalmente heteronormativizados" y con los que son portadores de identidades personales codificadas como "no varoniles". Hay que subrayar a ese respecto la situación dramática de muchos homosexuales contratados a través de las Empresas de Trabajo Temporal, obligados a circular por una buena veintena de plantillas a lo largo del año y atrapados entre las discriminaciones y los acosos morales en las empresas en las que prestan servicio (con la indiferencia de la propia dirección de las mismas) y la precariedad laboral (que desencadena el inmediato despido por "temperamento conflictivo" a partir del momento que el sujeto presenta queja por su situación ante un medioambiente de trabajo hostil). Respecto a esto, craso error cometido por la UGT al querer incluir en la negociación colectiva y en el Estatuto de los Trabajadores el reconocimiento de los derechos de las parejas gays y lesbianas a efectos de las ventajas concedidas por las organizaciones empresariales a las unidades familiares, sin exigir antes una reglamentación básica que impida la existencia de varias varas de medir según esté o no el sujeto integrado en las estructuras culturales y simbólicas dominantes.
A diferencia de los espacios más informales como puedan ser los lugares públicos, la empresa no es un ámbito que facilite la agresión física o verbal directa, debido sobre todo a la aguda reglamentación de su vida colectiva y la transformación de los litigios individuales en sujeto de sanción o rescisión de contrato. Aun así, el universo del trabajo masculino resiste con fuerza a la evolución de la esfera política y no son pocos los gays en el ámbito industrial que ven desfilar delante de ellos y de manera olímpica el progreso de los derechos civiles, sin por ello conseguir hacerse con la antorcha de sus ventajas. Elisabeth Badinter ya ha analizado de qué manera la persistencia de los ideales y las actitudes machistas en ciertos círculos sociales y laborales, aun pesar de los progresos políticos a favor de las mujeres y de los propios homosexuales, reflejan a menudo la crisis de la identidad masculina y en el caso de la homofobia, el miedo hacia la homosexualidad propia de aquellos mismos que exaltan sistemáticamente su hombría. Cuando en Amercan Beauty el ex -marine, machista, homófobo y un tanto fascista, por miedo a ser delatado, asesina a su vecino heterosexual con un tiro en la nuca después de haberle convertido en objeto de deseo sexual y confesado sus verdaderas orientaciones mediante un beso en los labios, el genial director no hizo otra cosa que llevar a la pantalla las propias tesis de la celebre teórica feminista francesa. El gay amanerado suele reproducir esos mismos temores en su ámbito laboral y acostumbran a quedar reflejados por ejemplo a través de la frialdad en el trato personal y el alzamiento de barreras a la integración del sujeto en los espacios ajenos al trabajo reglamentado: las áreas de reposo, los comedores, o los vestuarios. Rincones de sociabilidad destinados al almuerzo, el café y el cigarrillo, a las conversaciones informales, a las bromas, a las familiaridades y en los que se van dibujando y definiendo poco a poco las afinidades electivas entre las partes y engrosándose las agendas de "coleguillas" , también suele ser el coto vedado para el gay desvirilizado, como lo son las pandillas o los grupos masculinos de iguales en la escuela para los muchachos "aniñados ". Es conocido y notorio que las manifestaciones descalificatorias de contenido homófobo son inherentes al ámbito laboral que se está analizando aquí. Al descubrir que un palet está mal montado o que un genero ha sido situado de manera equivocada en las estanterías del almacén, el encargado se preguntará de manera automática que "Quién es el maricón que ha hecho esto" . Si los contenidos de la injuria y sus significados son siempre un producto nacional, cultural o contextual, la injuria homófoba tiene un curioso carácter universal que permite su aplicación en cualquier situación. El propio chiste homófobo, en cuanto a él, con sus habituales connotaciones vinculadas al trasero, sigue ampliamente arraigado en el universo del vestuario masculino. Esto a pesar de que ya no guarde relación alguna con la experiencia sexual concreta de los gays: el fenómeno del Sida y la invención de nuevas y alternativas formas de gestión de la sensualidad y el placer durante los años 90 han relativizado la importancia de la sodomía. Cosa que atestigua de qué manera, (a pesar de la corrección política de la que hacen gala los medios de comunicación y los humoristas de hoy) el chiste continua conservando su función de dispositivo destinado a crear en el imaginario colectivo representaciones sociales denigrantes que facilitan la estigmatización de los individuos. El chiste homófobo es un instrumento que ayuda a quien lo narra a construir fronteras y trazar líneas de demarcación respecto al homosexual, realzando así su propia heterosexualidad. La famosa frase "Yo no tengo nada contra ti, pero a mi no me van los tíos" refleja a la perfección esa autocomplaciencia del hombre heterosexual y viril, temeroso de convertirse en objeto de codicia sexual por parte de su compañero de faena y aterrorizado ante la posibilidad de acabar siendo lo que ha querido representar que no se es. Como la injuria directa ha pasado a la orilla de lo "políticamente incorrecto", de un gay afeminado ya no se dice que es un "marica", ( expresión aniquilada por la tiranía de las nuevas modas terminologías) sino que "pierde aceite" . En la jerga de la maquinaria o de la automoción algo que "pierde aceite" es aquello que empieza a ser inservible, disfuncional, inoperante y desechable. Y eso es lo que parece caracterizar al gay amanerado en el virilizado "trabajo de hombres" . Este recurso a términos sutiles y que libran del calificativo de carca a quienes hacen uso de ellos no es irrelevante y tiene el mérito de subrayar la hipócrita corrección política del significante y los valores culturales en realidad profundamente reaccionarios que encierra todavía el significado.
 
Número de páginas: 4
imprimir


Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Martes, 11 de Noviembre de 2008 01:32:09