La nación catalana es Una (paso I)
El primer paso se da cuando se permite que la identidad colectiva del "pueblo" prevalezca sobre la libertad del individuo. Este paso se ha dado ya en Cataluña, donde las políticas de cohesión social tienen como fin la creación de un "pueblo catalán" religado en torno a una lengua y una cultura únicas. Los catalanistas han logrado que sus reivindicaciones de derechos colectivos calen en los líderes políticos del PSOE menos avisados, que confunden el justo reconocimiento de las minorías con la injusta aprobación de todo tipo de restricciones de derechos individuales en el seno de esas minorías (en Cataluña la administración pública reprime y sanciona: todo catalán ha de ser catalanista, lo desee o no). Además, cuando los catalanistas reclaman el reconocimiento de su identidad lo hacen limitando esos supuestos derechos colectivos a aquellos "colectivos" que disfruten de identidades "apropiadas" (por descontado, los miembros de la comunidad de catalanes castellanohablantes, por ejemplo, no está previsto que sean sujeto de derechos: ni como colectivo ni a título individual).
La nación catalana es Grande (paso II)
El segundo paso está a punto de darse con el nuevo Estatut: sucede cuando a un "pueblo" definido de una manera concreta se le reconocen unos derechos "históricos" en exclusiva sobre un territorio determinado.
Repetimos: cuando los políticos catalanes hablan de "derechos colectivos" se refieren sólo a los de la comunidad definida según los parámetros del catalanismo. El resto de personas quedan excluidas de esa relación especial o privilegiada con el territorio donde viven, pues tienen identidades o sentimientos de pertenencia "impropios" y sólo podrán ser consideradas ciudadanas de pleno derecho en la medida en que se "rediman" (los textos del PSC llaman "irredentos" a los catalanes de origen murciano, gallego, extremeño o andaluz que se resisten a abjurar de la cultura de sus padres) de su herencia o costumbre y adopten la identidad "propia del país" (un país, por cierto, cuanto mayor, mejor: el de los Països
Catalans , que incluye la denominada Catalunya Nord, los territorios levantinos y las islas Baleares, tal y como llevan enseñando diariamente los telediarios públicos catalanes y los libros de texto oficiales los últimos veinticinco años, empeñados en la normalització de la audiencia).
La nación catalana debe ser Libre (paso III)
El tercer paso se da cuando el "pueblo" unido en torno a una identidad cerrada (primer paso) y constituido en nación con derechos sobre un territorio (segundo paso) reclama su derecho de autodeterminación, que no es otra cosa que la voluntad de secesión de un "pueblo" para hacer coincidir "nación" (comunidad identitaria de unos cuantos) y Estado (organización política de todos).
Incrementalismo estratégico
Nos interesa mucho transmitir esta idea: los logros del catalanismo (en efecto, Cataluña es cada día más artificialmente "diferente" del resto de España) no son un fruto casual de determinadas coyunturas políticas. Si bien una aritmética parlamentaria concreta puede favorecer o entorpecer el avance hacia sus objetivos, lo relevante es que este avance sigue siempre una línea estratégica, un plan perfectamente trazado. Hay cientos de textos que recogen este concepto, muy frecuentado en los círculos catalanistas: pasito a pasito, alcanzar pequeños hitos graduales que consiguen no ser rechazados gracias a su aparente intrascendencia, pero que propician la consecución del siguiente hito, y les acercan cada vez más a la meta. La dificultad para rechazar esos "pasitos" es especialmente notable ante quienes, como los catalanistas, han hecho del victimismo su más lucrativa herramienta. Pero no hay que perder de vista que cada concesión es un eslabón de la cadena con la que el catalanismo está limitando "pasito a pasito" las libertades de los ciudadanos catalanes que queremos una Cataluña pluralista, abierta y en positivo. O sea: los tres pasos descritos en los puntos anteriores se siguen necesariamente uno del otro: dar por bueno el primero ha conducido al segundo, y permitir éste dará luz verde al tercero, como tratamos de explicar en el punto "El Estatut institucionaliza la idea de nación".
La normalització y la política catalana
Es probable que hayas oído hablar de normalització en Cataluña. En realidad se trata de una idea clave para el nacionalismo, pues fue la herramienta que sirvió para violentar la Cataluña normal a fin de convertirla en la Cataluña soñada por los nacionalistas: se trataba de negar lo que Cataluña "era" para aproximarla a lo que supuestamente "debía ser". Las políticas de normalització , al estigmatizar como "anormal" todo aquello que se apartaba de la ortodoxia catalanista, han causado estragos en todos los ámbitos de Cataluña, entre otros en el de la política, donde todos aquellos a los que han hecho sentirse "normalizables" (por no poseer la identidad oficial) han acabado generando respuestas efectivamente "anormales". Es decir, tantos años de normalització han viciado el ambiente político catalán de tal manera que ha sido imposible la incorporación "natural" a la política de aquellos que, por sus orígenes, cultura o lengua materna, no entraban dentro de los parámetros que definen al catalán fetén.
Rebotados, conversos o acomplejados
Tres han sido esos caminos "viciados" que se han abierto ante los catalanes "normalizables" que, pese a todo, han querido participar en política:
1. El de la irritación de quienes, por rebote, han generado una postura anticatalanista tan sobreactuada que, más que anticatalanista, ha podido ser percibida como anticatalana. La
mayoría de estos catalanes están en el PP.
2. El de la conversión de quienes, vencidos por la insoportable carga de una identidad "inapropiada", han optado por adoptar la identidad pata negra, y lo han hecho con el fanatismo propio de los conversos. La mayoría de estos catalanes están en ERC (y si tienen tienda, en CiU).
3. El del complejo de quienes, habiendo tenido que ser aceptados en un lugar que no les correspondía por cultura y origen, han acabado por desarrollar un sólido Síndrome de Estocolmo. La mayoría de estos catalanes están en el PSC.
Debes comprender a estos compañeros del PSC: les ha costado mucho llegar donde están, son muchos los complejos que han debido afrontar y los rasgos identitarios que han debido hacerse perdonar, han tenido que renegar de demasiadas herencias, el precio por ser considerados catalanes elegibles ha sido demasiado alto... como para pedirles ahora que tengan discurso propio.
Jinetes de rodeo
Estos dirigentes del PSC con procedencias identitarias no "impecables" desde el criterio nacionalista, sobre los que algunos habíamos depositado cierta esperanza, justifican hoy -solamente en privado- su seguidismo catalanista por las dificultades que entraña ir contracorriente de un régimen bien consolidado durante los últimos veinticinco años. En realidad son como jinetes de rodeo, que limitan el ejercicio de la política al arte de mantenerse sobre el caballo, sin ir a ningún lado. Muy "aprovechables" para el triunfo del catalanismo, pero sin discurso político, tan sólo consiguen representar su propio poder orgánico. Su presencia en las listas electorales, unida a su falta de criterio, hace de estos políticos el "compañero más útil" de los catalanistas, que sí saben perfectamente a dónde se dirigen. Deseamos sinceramente poder mantener la confianza en estos compañeros, pero para ello deben mostrar su voluntad de ser algo más que "jinetes de rodeo", así como su capacidad para presentar alternativas al asfixiante catalanismo oficial.