Cesar trasladaba al plano novelístico una dinámica
de exploración de la historia que se repetirá en ensayos como
Un polaco en la corte del rey Juan Carlos (1996), Y Dios entró
en la Habana (1998) y Marcos, el señor de los espejos
(1999). Aunque se trataba de géneros diferentes, sus estrategias
de representación de la realidad eran sorprendentemente afines. César
era una novela completamente dialogada, donde las partes narrativas y descriptivas,
ofrecidas por un narrador omnisciente, no pasaban de acotaciones escénicas
que delataban el origen de la novela como guión televisivo. Toda
la reconstrucción se hacía a base del diálogo entre
los personajes, lo cual hacía la novela más directamente accesible
al lector, con un minimizado intermedio del narrador. Si la perspectiva
de Maquiavelo sobre la realidad y la historia que ha vivido era lo que más
importaba en O César o nada, también era la función
entrevistadora de MVM en los ensayos de la época lo que nos proporcionaba
el único acceso a las realidades propuestas. A través de la
entrevista con todos aquellos que se consideraban participantes relevantes
de la historia, se armaba un rompecabezas que acababa por formar el mapa
de una coyuntura histórica ya sea la de lo que quedaba de la Cuba
revolucionaria ante la visita del Papa, la de los estragos causados por
la rebelión zapatista en México, o la de los centros de poder
de la capital de España en el final de la hegemonía socialdemócrata.
Con la misma apasionada atención con que Maquiavelo escoge e interpreta
a los Borja (sobre todo a César), en tanto que candidatos a príncipes
encauzadores de los nuevos tiempos de la modernidad, MVM se ocupa de sacar
a la luz la capacidad de responder al reto de su momento histórico
de personalidades tan poderosas como Felipe González, el subcomandante
Marcos o el rey de España.
A diferencia del Maquiavelo histórico o personaje de novela, que
no llega a encontrar en su historia contemporánea un Príncipe
a la altura de su ideario, MVM llegó a apostar decididamente por
la capacidad transformadora de uno de ellos muy concreto: el movimiento
zapatista, arribando así a esos "tiempos de creencia" (24),
por los que abogaba en la conclusión a su artículo de 1997
y que daba título al libro El escriba sentado. Que Marcos,
el señor de los espejos era una respuesta a los llamados y propuestas
especulativas que habían caracterizado la obra de MVM en los noventa,
se hacía ya patente en el subtítulo que se le daba de Viaje
desde el planeta de los simios a la selva Lacandona, que invocaba el
título del ensayo del autor de 1995, Panfleto desde el planeta
de los simios, y el género mismo de aquél, pues también
el Marcos era catalogado de panfleto. El neozapatismo había
sido, por lo menos hasta la aparición de los movimientos antiglobalización
en Seattle a finales de 1999, el ejemplo de insurrección con más
continuidad, con más eco y solidaridad internacional y, a través
de su líder Marcos, con más discurso político capaz
de conectar la explotación indígena en México al desarrollo
del capitalismo mundial. MVM contribuyó sin duda a la tarea política
de divulgar y expandir esta lectura del neozapatismo, hasta el punto de
llegar a catalogar, para enfado de algunos, la rebelión zapatista
como una alegoría de la lucha de los globalizados contra los globalizadores.
Aunque ya no llegaría a publicar más ensayos políticos,
su presencia cotidiana en actos públicos y en los medios de comunicación
nos hizo saber que seguía dispuesto a comprometerse con nuevas formaciones
sociales que tuvieran un lenguaje capaz de aprehender las necesidades del
nuevo momento histórico, así como a facilitar su divulgación
desde la posición privilegiada que consiguió adquirir con
los años (la última manifestación de ello fue su participación
en el Foro Social Mundial en Porto Alegre).
El pensamiento y la praxis intelectual de Vázquez Montalbán
se movieron con la historia y contribuyeron a su transformación para
demostrar, a contracorriente, que la(s) izquierda(s) no encarnaba(n) un
proyecto ni fosilizado ni obsoleto. Y aunque el hombre nos ha abandonado
en tiempos tan negros, ya no es mentira que las resistencias al nuevo orden
global se han hecho visibles, audibles y multitudinarias. Manuel Vázquez
Montalbán invirtió el tiempo de una vida en creer y alentar,
desde sus muchas atalayas, esas resistencias que manifiestan la necesidad
del cambio histórico. El legado de sus obras y el ejemplo de su compromiso
coherente con unas ideas son ya para siempre patrimonio de todos. La responsabilidad
es nuestra de mantenerlo vivo en una memoria que nos sirva para entender
el presente y cambiar el futuro.