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El Viejo Topo 187 El Viejo Topo

Habitar la izquierda

por Mari Paz Balibrea Enríquez
El Viejo Topo nº 187, diciembre 2003

Número de páginas: 3
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Cesar trasladaba al plano novelístico una dinámica de exploración de la historia que se repetirá en ensayos como Un polaco en la corte del rey Juan Carlos (1996), Y Dios entró en la Habana (1998) y Marcos, el señor de los espejos (1999). Aunque se trataba de géneros diferentes, sus estrategias de representación de la realidad eran sorprendentemente afines. César era una novela completamente dialogada, donde las partes narrativas y descriptivas, ofrecidas por un narrador omnisciente, no pasaban de acotaciones escénicas que delataban el origen de la novela como guión televisivo. Toda la reconstrucción se hacía a base del diálogo entre los personajes, lo cual hacía la novela más directamente accesible al lector, con un minimizado intermedio del narrador. Si la perspectiva de Maquiavelo sobre la realidad y la historia que ha vivido era lo que más importaba en O César o nada, también era la función entrevistadora de MVM en los ensayos de la época lo que nos proporcionaba el único acceso a las realidades propuestas. A través de la entrevista con todos aquellos que se consideraban participantes relevantes de la historia, se armaba un rompecabezas que acababa por formar el mapa de una coyuntura histórica ya sea la de lo que quedaba de la Cuba revolucionaria ante la visita del Papa, la de los estragos causados por la rebelión zapatista en México, o la de los centros de poder de la capital de España en el final de la hegemonía socialdemócrata. Con la misma apasionada atención con que Maquiavelo escoge e interpreta a los Borja (sobre todo a César), en tanto que candidatos a príncipes encauzadores de los nuevos tiempos de la modernidad, MVM se ocupa de sacar a la luz la capacidad de responder al reto de su momento histórico de personalidades tan poderosas como Felipe González, el subcomandante Marcos o el rey de España.
A diferencia del Maquiavelo histórico o personaje de novela, que no llega a encontrar en su historia contemporánea un Príncipe a la altura de su ideario, MVM llegó a apostar decididamente por la capacidad transformadora de uno de ellos muy concreto: el movimiento zapatista, arribando así a esos "tiempos de creencia" (24), por los que abogaba en la conclusión a su artículo de 1997 y que daba título al libro El escriba sentado. Que Marcos, el señor de los espejos era una respuesta a los llamados y propuestas especulativas que habían caracterizado la obra de MVM en los noventa, se hacía ya patente en el subtítulo que se le daba de Viaje desde el planeta de los simios a la selva Lacandona, que invocaba el título del ensayo del autor de 1995, Panfleto desde el planeta de los simios, y el género mismo de aquél, pues también el Marcos era catalogado de panfleto. El neozapatismo había sido, por lo menos hasta la aparición de los movimientos antiglobalización en Seattle a finales de 1999, el ejemplo de insurrección con más continuidad, con más eco y solidaridad internacional y, a través de su líder Marcos, con más discurso político capaz de conectar la explotación indígena en México al desarrollo del capitalismo mundial. MVM contribuyó sin duda a la tarea política de divulgar y expandir esta lectura del neozapatismo, hasta el punto de llegar a catalogar, para enfado de algunos, la rebelión zapatista como una alegoría de la lucha de los globalizados contra los globalizadores.
Aunque ya no llegaría a publicar más ensayos políticos, su presencia cotidiana en actos públicos y en los medios de comunicación nos hizo saber que seguía dispuesto a comprometerse con nuevas formaciones sociales que tuvieran un lenguaje capaz de aprehender las necesidades del nuevo momento histórico, así como a facilitar su divulgación desde la posición privilegiada que consiguió adquirir con los años (la última manifestación de ello fue su participación en el Foro Social Mundial en Porto Alegre).
El pensamiento y la praxis intelectual de Vázquez Montalbán se movieron con la historia y contribuyeron a su transformación para demostrar, a contracorriente, que la(s) izquierda(s) no encarnaba(n) un proyecto ni fosilizado ni obsoleto. Y aunque el hombre nos ha abandonado en tiempos tan negros, ya no es mentira que las resistencias al nuevo orden global se han hecho visibles, audibles y multitudinarias. Manuel Vázquez Montalbán invirtió el tiempo de una vida en creer y alentar, desde sus muchas atalayas, esas resistencias que manifiestan la necesidad del cambio histórico. El legado de sus obras y el ejemplo de su compromiso coherente con unas ideas son ya para siempre patrimonio de todos. La responsabilidad es nuestra de mantenerlo vivo en una memoria que nos sirva para entender el presente y cambiar el futuro.
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