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El Viejo Topo 187 El Viejo Topo

Habitar la izquierda

por Mari Paz Balibrea Enríquez
El Viejo Topo nº 187, diciembre 2003

Número de páginas: 3
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En los noventa, no será la apertura política del país la que dé esperanzas y motivos de intervención positiva ­antes al contrario, Sabotaje y Roldán son dos de las más sombrías crónicas sobre el fin del gobierno socialista y la ausencia de alternativas políticas de progreso en España­ sino la búsqueda de nuevos sujetos históricos. La caída del muro de Berlín, el fin de la guerra fría y la desaparición de los bloques, la expansión urbi et orbe del capitalismo y el decreto triunfalista e inapelable del fin de la historia como lucha por un futuro mejor son, en la última década del siglo XX, los marcadores más visibles y obvios del cambio planetario de coordenadas que se ha dado en llamar globalización, cambio al que MVM es inmediatamente sensible. Esta nueva coyuntura no coge al intelectual desprevenido porque no aparece de la noche a la mañana. Primero, la crisis de la izquierda y de las ideologías de transformación social en los países del Primer Mundo se remonta por lo menos a 1968, y ha caracterizado toda la transición española a la democracia, tema del que MVM se ha ocupado largamente; segundo, la mundialización y ubicuidad del capitalismo es una tendencia que se puede argumentar existe desde sus comienzos y que tiene en el imperialismo el precedente más inmediato a la situación actual. Tercero, ideológicamente, el discurso dominante que nos instala en un presente perpetuo, argumentando que todo pasado fue peor, es precisamente el caballo de batalla que Vázquez Montalbán ha estado combatiendo en el territorio español durante toda la transición y el periodo socialista, donde florece una versión de esa misma narrativa aplicada a un país que por fin realiza con éxito su anhelo secular de incorporarse a la modernidad y a Europa, y quiere distanciarse lo más posible de un pasado de subdesarrollo, dictadura y aislamiento europeo. De ahí, precisamente, el sentido crítico de la estructura de indagación en el pasado para clarificar el presente, de la que es paradigma la serie Carvalho. Se trata de desenterrar, a través de la investigación, la significación del pasado de forma que revele, no sólo lo muy imperfecto o perfectible que es aún el presente, sino también lo mucho que depende su sentido del pasado, razón por la cual quiere reprimirse.
No se trata de que en los noventa ya no se lamente y critique la deshistorificación del presente, que condena al olvido a los perdedores de la Historia y garantiza el poder a sus vencedores, o que el tema se considere irrelevante. Pero el pasado, la memoria histórica, han dejado de ser los mecanismos privilegiados de intervención política en el presente. La lucha política por la historia que se considera más urgente en el nuevo momento sigue siendo la que concierne a la imposición dominante de una lectura ultraliberal del fin de la historia que hace coincidir el presente momento histórico con la meta de todas las aspiraciones humanas y sociales, y que, por tanto, sanciona como periclitada y fuera de lugar toda aspiración a un mundo mejor. Pero esa batalla va a concentrarse en ubicar un nuevo sujeto histórico de transformación para que sea la mejor réplica a la sanción finalista dominante en la historia.
Ya desde la constitución de Izquierda Unida en 1986 estaba MVM hablando de la sociedad civil y de los nuevos movimientos sociales como el nuevo sujeto histórico, pero sin que éstos tomaran ninguna forma histórica concreta en su literatura. Las mismas dificultades de Izquierda Unida para reivindicar su papel aglutinador de movimientos sociales, sus sucesivos fracasos electorales y finalmente la escisión, primero de Nueva Izquierda y luego entre Iniciativa per Catalunya y Esquerra Unida y Alternativa, hablaban a las claras de la dificultad que en el marco español y catalán estaba encontrando la materialización de este nuevo proyecto de transformación social que MVM suscribía. Si a esto le unimos el complemento de los escándalos socialistas de sus últimos años de gobierno, y la subida al poder de la derecha en 1996, el panorama español no aparecía precisamente como el más inspirador de revoluciones. Si a este panorama decepcionante le unimos la inmediata sintonización del autor con el proceso de globalización que se hace evidente en los noventa, no es de extrañar que desplazara la problemática del sujeto de cambio histórico a un nivel global, ni que la separara de su relación histórica con los partidos políticos.
En este sentido, Panfleto desde el planeta de los simios (1995) es un texto clave para aclarar el diagnóstico y las propuestas políticas de MVM en la mitad de los noventa, donde se planteaba la figura del intelectual como el mejor dotado para el análisis y el diagnóstico histórico, traductor/intérprete de su situación histórica contemporánea y buscador de sujetos históricos capaces de responder a las necesidades de cambio de su tiempo. Pero es, a mi entender, en O César o nada (1998), donde mejor se textualizó la compleja relación e interacción entre la intervención histórica del intelectual (encarnado por Maquiavelo) y la más directa que ejerce el sujeto con poder (en la figura novelada de César Borja). Vázquez Montalbán se mantenía fiel en su novela a la conocida imagen del filósofo florentino como inteligencia privilegiada y que no hace concesiones a las ideas establecidas de su época. Así es como la novela subrayaba lo más revolucionario del pensamiento de Maquiavelo, en su capacidad de pensar por su cuenta frente a la historia, rebatiendo y rechazando la autoridad y el peso de toda una tradición para proponer una visión nueva. Manuel Vázquez Montalbán no era el primer pensador de izquierdas en reparar en la importancia de la figura histórica como intelectual de Nicolás Maquiavelo. Desde la filosofía y la teoría políticas, Louis Althusser y, sobre todo, Antonio Gramsci (a quien, no por casualidad, va dedicado uno de los epígrafes de O César o nada), habían analizado El Príncipe como la obra de un pensador político revolucionario, un hombre de acción (y no un politólogo) quien, basándose en la realidad efectiva, en las fuerzas existentes, es capaz de proponer un nuevo orden, un nuevo equilibrio, mostrando en términos concretos cómo deberían funcionar las fuerzas históricas para ser efectivas. En definitiva, un visionario cuya capacidad para definir al sujeto de cambio en su momento histórico, el Príncipe, es ejemplo aprovechable para quienes en el siglo XX siguen buscando a sujetos (colectivos) capaces de transformar su sociedad. Ese mismo tipo de intelectual político, y no académico, es el que se diría que aspiraba a ser MVM,
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