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El Viejo Topo 208 El Viejo Topo

El Príncipe Negro de América

por Mike Davis
El Viejo Topo nº 208, junio 2005

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Hace 40 años, en invierno de 1964-5, yo era uno de los adolescentes que trabajaba en la oficina central de Nueva York de la organización Students for a Democratic Society (SDS) [Estudiantes por una Sociedad Democrática]. La mayoría de mis amigos de la oficina trabajaban 16 horas al día para organizar la primera marcha sobre Washington (17 de abril de 1965) y protestar contra la escalada de la intervención estadounidense, y sobre todo contra la brutal campaña de bombardeos sobre Vietnam del Norte promovida por el presidente Lyndon Johnson.
Pero mi tarea era la de organizar una sentada (19 de marzo de 1965) en un gran rascacielos del Chase Manhattan Bank en el Bajo Manhattan. Desde la masacre de Sharpeville, en 1960, cuando la policía surafricana asesinó a decenas de manifestantes desarmados, el banco Chase Manhattan dirigía un consorcio de bancos internacionales que daba préstamos a Pretoria y estabilizaba su crédito internacional. En nuestra opinión, el banco, controlado por Rockefeller, era uno de los grandes socios del apartheid , y esperábamos que las manifestaciones sirvieran para divulgar cómo Wall Street invertía cantidades ingentes en el racismo, tanto en Sudáfrica como en el sur de EEUU.
Nuestra principal aliada en esta campaña era la organización Student Nonviolent Coordinating Committee (SNCC) [Comité Coordinador Estudiantil No-violento], dirigida en Nueva York por Betita Martínez, una conocida escritora chicana, que se convirtió en la organizadora táctica de la sentada.
También recibimos muchísimo apoyo de africanos de Nueva York, entre ellos miembros exiliados del Congreso Nacional Africano, así como miembros jóvenes del personal de la delegación de Tanzania en la ONU. Uno de estos últimos -el primer revolucionario "de verdad" que conocí en mi vida- estaba en contacto con Malcolm X y su nueva Organisation of African-American Unity [Organización de Unidad Afro-americana].
A principios de 1964, el carismático líder de los Musulmanes Negros había abandonado la Nation of Islam [Nación del Islam] con el objetivo de construir una organización revolucionaria que vinculara las luchas de la gente de color de EEUU con los movimientos globales anti-coloniales y de liberación nacional. Después de su famosa peregrinación a La Meca, Malcolm X había alabado las revoluciones cubana y china, y participaba activamente en debates estratégicos con marxistas y con musulmanes militantes y nacionalistas del Tercer Mundo. Mi amigo tanzano quería organizar una reunión entre Malcolm y el personal de SDS. La idea nos intimidaba. "¿Sabes quién es Malcolm X?", me preguntó un día mi compañero tanzano, mientras caminábamos por Harlem. Yo moví la cabeza, haciendo un "sí" tonto. "Es el Lenin americano."
Dos semanas después de esa conversación (el 21 de febrero de 1965), nuestro Lenin estaba muerto, asesinado por un disparo mientras hablaba en un mitin en el Audubon Ballroom de Manhattan. Tenía sólo 39 años. Sus asesinos fueron secuaces de la Nation of Islam, aunque historiadores y activistas no han dejado nunca de debatir el siniestro papel jugado por el FBI y la policía de Nueva York, que, como ahora sabemos, se dedicaban a enardecer insidiosamente las divisiones entre las filas del nacionalismo negro.
Mientras tanto, el dolor y la pena en Harlem y en toda la América Negra eran verdaderamente inconsolables. Durante el funeral de Malcolm, su amigo íntimo, el actor Ossie Davis, elogió a "nuestro príncipe negro". "Lo que enterramos bajo tierra", les dijo Davis a los presentes, "ya no es un hombre, sino una semilla, que, después del invierno de nuestro descontento, volverá a nacer para encontrarnos."
Davis, una figura progresista reconocida por méritos propios, murió hace unos meses, después de haber pasado dos décadas defendiendo el legado de Malcolm X tanto de la infamia como de la comercialización. Estamos acostumbrados al asesinato periódico de nuestros profetas, disidentes y revolucionarios, pero la muerte de Malcolm X ha dejado el vacío más grande en la historia de EEUU. Como escribió John Simon en el número de febrero de la publicación marxista independiente Monthly Review , se puede decir que Malcolm X "fue la figura más peligrosa de la historia de este país que se enfrentó a la clase dirigente."
El "peligro" que encarnaba Malcolm X -el que mantenía a J. Edgar Hoover [director del FBI] despierto por las noches- era la amenaza de convertir un movimiento reformista por los derechos civiles en un movimiento radical de liberación que se viera a sí mismo como parte integrante de un levantamiento global.
En esos años hubo mucha histeria blanca alrededor de la denuncia de Malcolm de la no-violencia dogmática y su apuesta por la autodefensa armada, pero lo cierto es que él se limitó a dar voz a la actitud de la mayoría de afroamericanos de clase trabajadora, que se negaban a poner la otra mejilla a las asesinas milicias de ultraderecha.
Más radical fue el rechazo de Malcolm a la estrategia parroquial de los "derechos civiles", basada en los tribunales federales y el Partido Demócrata, en favor de una estrategia internacionalista de "derechos humanos" que vinculara la revuelta negra estadounidense a una revolución tricontinental contra la hegemonía europea y estadounidense.
Malcolm X -un pensador brillante cuyas ideas estaban evolucionando rápidamente a través del diálogo con otros luchadores por la liberación- era la principal correa de transmisión entre esta dialéctica revolucionaria global y los sectores más oprimidos de la población estadounidense. Asesinado justo seis meses antes del gran levantamiento de los ghettos de Los Angeles en agosto de 1965, él era la única figura política nacional universalmente admirada por los jóvenes de los ghettos del norte. Y llevaba años defendiendo apasionadamente la unidad de los negros con los insurgentes indios, latinos y asiáticos.
Malcolm X fue asesinado no sólo en su mejor momento, sino estando inmerso en un proceso de profunda reorientación política, en vísperas de su mayor liderazgo. Su asesinato, igual que el de Rosa Luxemburg en 1919, cambió el rumbo de la historia.
Si hubiera vivido, es casi seguro que Malcolm X hubiera impulsado la oposición afroamericana a la guerra genocida en Indochina -quizás, como creen muchos radicales negros, aliándose con un Martin Luther King que estaba girando a la izquierda.
Si hubiera vivido, los volcánicos levantamientos en los ghettos de 1965-68 quizás hubieran encontrado una dirección ideológica y organizativa verdaderamente "peligrosa". Al FBI, a su vez, quizás le hubiera sido más difícil extender el veneno de los celos y la dispersión entre los revolucionarios negros.
Estos "¿qué hubiera pasado si...?", atormentan a los radicales de mi generación, para los que Malcolm X fue el símbolo de la historia alternativa que intentamos, pero no conseguimos, construir. Pero, para las generaciones más jóvenes, las "semillas" de la vida de Malcolm siguen dando frutos gloriosamente intransigentes y subversivos.
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