En relación con los diálogos, es difícil hacer una valoración general. Es cierto que algunos propusieron programas y ponentes muy interesantes, pero también lo es que muchos oradores cancelaron su asistencia y que la participación y la voluntad real de debatir y cuestionar estuvo prácticamente ausente. No es mi intención hacer aquí un análisis exhaustivo de esta parte del Fórum, pero es significativo que los resultados de éstos fueran casi siempre retóricos (en el de "Las Culturas del Trabajo", por ejemplo, organizado por los grandes sindicatos, se defendió el valor del trabajo como patrimonio de la humanidad) y jamás de lucha o propuesta desafiante. En realidad, lo único concreto que salió de los Debates fue el compromiso de crear un sinnúmero de agencias de organismos internacionales, civiles, sociales y políticos en Barcelona. Más retórica para justificar más ladrillos.
El objetivo del Fórum, según sus organizadores, era conseguir que "el visitante saliera con inquietudes, con interrogantes, con soluciones". Su espacio y sus contenidos pretendían abordar algunos de los retos a los que se enfrenta la sociedad actual. Pero, paradójicamente, más que plantearnos qué pasos adelante se pueden haber dado gracias al Fórum de las Culturas en relación con estos temas, la cuestión obligada es si no habremos dado pasos atrás.
¿Cómo darle la vuelta a la "cultura a peso, de oferta, de rebajas, de temporada, cultura para el nene y la nena, cultura de palomitas de maíz y, ya puestos, de palomitas de la paz"
[ 5 ] , en definitiva, a la cultura banalizada preconizada por el Fórum? ¿Cómo reconstruir una imagen de la diversidad que no sea excluyente y que vaya más allá de los detalles folklóricos, culinarios y de parque temático?
En una ciudad que no ha sabido aún afrontar la cuestión de la llegada de inmigrantes con medidas no represivas ni luchar contra la creación de ghettos, el Fórum no sólo no ha contribuido en nada a la convivencia sino que ha reforzado los estereotipos. El único "otro" que ha aceptado y fomentado el Fórum es el "otro" integrado -la imagen que encarna perfectamente Aisha Miró
[ 6 ] .
Otro de los rasgos perniciosos del evento fue la conversión, a todos los efectos, del ciudadano en consumidor, y la promoción de este cambio como algo positivo. De la misma forma que se intentó vender como una victoria ciudadana "el que podamos comernos un
bocata sentados en un banco de una plaza de pago que se hace pasar por pública"
[ 7 ] , el Fórum quiso convencernos de que la implicación ciudadana pasa por el consumo de paz (en forma de taza, de
mouse pad o de lo que sea), de sostenibilidad (
consumiendo energía "sostenible" en lugar de ahorrándola) y de diversidad (vía alitas de pollo picantes y musaka). No se reservó ningún espacio para el ejercicio de la ciudadanía, y, en cambio, todo fue convertido en espacio de consumo -incluso al final: todo lo vendible del Fórum será subastado en una "subasta participativa" abierta a toda la ciudadanía.
La tarea, pues, que se nos presenta es saber deshacer el camino del Fórum y recuperar el espacio de la crítica significativa y con voluntad transformadora.
El Fórum y las limitaciones de los que nos quieren vender la moto
Ahora que ha cerrado sus puertas y que los agentes de seguridad han empezado a desmontar los kilómetros de vallas de alta seguridad que protegieron durante 141 días esta "plaza pública", algunos de sus responsables han aceptado algunas de las críticas y han reconocido algunos excesos.
Pero, ¿el problema fue realmente el exceso? En realidad, y en base en parte a lo expuesto en este escrito (y a muchos otros argumentos planteados en multitud de medios alternativos), parece que el Fórum encaja perfectamente con la política seguida por los responsables municipales, autonómicos y estatales a todos los niveles.
En él, como en tantas otras instancias, se ha impuesto la lógica de máquina registradora. La rentabilidad y el consumo por encima de todo. ¿Es esto un exceso? Si es así, ¿en relación a qué?
En un acto público sobre el Fórum, cuando se le cuestionó al alcalde que Indra (empresa vinculada al sector militar y de armamento) fuera una de las empresas patrocinadoras del evento, éste afirmó que "decir que la paz se conseguirá sin armamento es banalizar el debate", y defendió la participación de Indra en base a que esta empresa no fabrica explosivos, sino las armas que se utilizan para conseguir la paz 8 .
¿Es posible que personas incapaces de cuestionar los extremos más salvajes del sistema actual puedan representar las aspiraciones de una ciudadanía que cada vez da más muestras de vitalidad, movilización y espíritu crítico? Pero incluso si renunciamos ya a priori a su capacidad representativa, ¿pueden siquiera fingir comprender los cambios que se están produciendo? Lo que parece demostrar el Fórum es que no, que no se puede pretender creer en lo que no se cree, ni pensar lo que no se piensa. Las máximas neoliberales de primacía de la seguridad por encima de la libertad, de conversión del ciudadano en consumidor, de privatización de lo público, de mercantilización de la vida misma han estado tan presentes en el Fórum como en cualquier parque temático o centro comercial.
No pasa nada: ésta es la doctrina imperante. Lo único es que quizás estén empezando a soplar vientos nuevos, vientos que pueden llegar a llevarse por delante las hojas rígidas de los tiempos en los que perdimos la voz y la palabra.