Rodeados por el pantano de la impotencia socialdemócrata para encabezar en España un proceso de cambio creíble, acosados por los espejismos de esos partidos verdes y por los trampantojos del nacionalismo progresista, las dispersas huestes de la izquierda realmente existente no saben si encomendarse a Marx, a Lenin, o a la melancolía por lo que pudo haber sido y no fue. Por eso, en la contemplación escéptica de quienes, con la mejor voluntad, plantean la difícil refundación de Izquierda Unida, soy de los que creen que es urgente el reforzamiento de la organización del PCE, cuya culminación y renovado protagonismo nadie debería temer. Diré más: la organización comunista nos es imprescindible, abordando al mismo tiempo la renovación de la apuesta comunista en el siglo XXI, porque el sectarismo no nos sirve para nada, como tampoco el refugio en unas certezas inmóviles, ni los espejismos transitorios de una nueva y endeble identidad verde .
Termino. No puede negarse la crisis de Izquierda Unida, ni la responsabilidad que ha contraído su dirección. De manera que, ante la evidencia del fracaso y de la deriva política, ante la incapacidad de su actual dirección para reorientar el proyecto que representó Izquierda Unida, los riesgos son muchos, pero la izquierda comunista debe ser consciente de que Llamazares y su equipo de confianza apenas nos proponen una desnaturalización, una vergonzante conversión, una muerte civil: una dulce (y oscura) desbandada.