www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
El Viejo Topo 195-196 El Viejo Topo

Una dulce (y oscura) desbandada

por Higinio Polo
El Viejo Topo nº 195-196, julio-agosto 2004

Número de páginas: 4
imprimir

Una vez más, en el caso de ICV resulta evidente que el objetivo central para toda una serie de profesionales de la política no era la defensa de unas ideas y de unas convicciones políticas, con todas las correcciones que la vida y la historia nos exigiesen, sino, simplemente, la picaresca de asegurar sueldos políticos y posiciones personales. Ahora, lamentablemente, muchos constatan que la apuesta de Llamazares por esa Izquierda Verde es la segunda edición de la operación que lanzó Ribó hace años en Cataluña, y cuyos resultados son conocidos. Preferiría no decirlo, pero es inexcusable: aunque no es el único responsable, Gaspar Llamazares ha contraído una grave responsabilidad, no tanto por los magros resultados electorales como por la desorientación de un proyecto político que pretenda ir más allá de la crítica testimonial al sistema capitalista. Cuatro años gobernando la organización han culminado con el desconcierto, con una deriva antidemocrática en el gobierno de la organización, con la aversión hacia un radical programa de cambio social; se han culminado, también, con el increíble deslumbramiento ante la errática trayectoria de los dirigentes de ICV, y con la puesta en circulación de un "objeto defectuoso": ese artefacto llamado Izquierda Verde no augura ningún cambio esperanzador.
3
¿Qué hacer? Algunas cuestiones de futuro. Si la apuesta de los comunistas españoles por Izquierda Unida tenía algún sentido, era por la pretensión de articular un bloque político que tuviera el socialismo en su horizonte, pese a todas las dificultades, y no para crear una nueva organización que se limitase a la gestión de sus espacios institucionales y a nadar en las aguas turbias de la socialdemocracia. Sin embargo, hoy, el estado de desorientación de la izquierda comunista y revolucionaria es evidente: su temor ante las palabras lo revela. Socialismo, comunismo, revolución, son conceptos que han desaparecido de las apuestas por el futuro, de los objetivos que debe proponerse un bloque social que impugne el capitalismo real; y, si bien es cierto que la insistencia en las grandes palabras puede convertirse en una retórica vacía si no va acompañada de un concreto programa de acción política, los movimientos críticos de la izquierda se agotan hoy en las apelaciones a una vaga izquierda transformadora -¡ese lenguaje de compañía eléctrica!- que no propone a los trabajadores y a la población, con claridad, el objetivo de un cambio socialista, con todas las cautelas que se quieran, y en un momento, además, en que se hace más urgente que nunca la reivindicación y el estímulo de una alternativa socialista al desorden mundial y a la peligrosa deriva imperialista de las guerras preventivas de Washington. Es una inquietante paradoja: cuando crece la movilización social en todo el planeta, cuando se hace más perentoria la necesidad de un nuevo mundo, la izquierda retrocede ante la magia de las palabras. Y ese temor revela muchas cosas.
La propia construcción europea, con la amenaza de nuevos ataques a las conquistas históricas de los trabajadores, con la aparición de nuevas amenazas a la democracia y a los derechos civiles -que se expresan, por ejemplo, en la rampante corrupción de buena parte de las empresas e instituciones, en el empleo precario y mal pagado, en los arbitrarios recortes salariales, en la deslocalización de fábricas, en la explotación esclavista de los inmigrantes; o, también, por ejemplo, en la comprensión de Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea, ante la escandalosa prohibición de los símbolos comunistas en Hungría, nuevo país de la Unión; en el encarcelamiento de Mikolas Burakiavitsious, secretario general del Partido Comunista Lituano, ¡organización que es ilegal en su país!, otro reciente miembro de la Unión Europea; en la marginación civil de la población rusa del Báltico, en l a difícil situación de los trabajadores del Este de Europa (K. S. Karol ha recordado el reciente despido de 8.000 trabajadores en un banco checo, la mitad de la plantilla, ¡sin que se haya podido realizar ni un minuto de huelga!), y en la creciente precarización del trabajo y el despojo de las garantías sociales para buena parte de los trabajadores europeos- nos exige un claro programa de defensa de los trabajadores y de la libertad.
No pretendo con estas notas, ni mucho menos, trazar un programa que articule la actuación de la izquierda comunista y revolucionaria en España, pero sí recordar algunas cuestiones que deben estar en el centro de nuestra actividad, acumulando fuerzas para la definición de una alternativa socialista. En España, la reivindicación de la República, con claridad y contundencia; la articulación federal de los distintos pueblos, la denuncia de la corrupción empresarial, la exigencia de una economía social que resuelva las graves carencias de los trabajadores, la total equiparación entre sexos, el levantamiento de las hipotecas del franquismo, empezando por las bases militares norteamericanas. En Europa, la impugnación del proceso de construcción de una Unión Europea que pretende edificarse sobre el latrocinio social y el recorte de los derechos de la población; la reivindicación democrática de los derechos civiles frente a la ofensiva liberal, la defensa de los trabajadores y de los inmigrantes extracomunitarios, la lucha contra el racismo. En el mundo, el combate a la rapiña imperialista protagonizada por los Estados Unidos, y la solidaridad con los pueblos expoliados, como Iraq, Palestina y tantos otros, la exigencia de un desarrollo igualitario que no destruya la naturaleza; y la articulación con otras fuerzas del movimiento alterglobalizador que exigen un nuevo mundo. No es poco.
Junto a todo ello, en España, no hay que olvidar algunos riesgos: inmersos en la gestión y en la metabolización de la crisis de Izquierda Unida, algunos sectores de izquierda -integrados o no en la organización- creen que la desaparición de IU sería un acicate para el nacimiento de algo nuevo: sin embargo, deberían ser conscientes de que también puede serlo para la desertización de la izquierda crítica, para la consolidación del predominio político de la socialdemocracia. Los análisis de quienes, deslumbrados por las multitudinarias manifestaciones contra la guerra en Iraq, ponen el énfasis en los llamados movimientos sociales y en la movilización -justa, por otra parte-, quitando importancia a la desaparición de una alternativa de izquierda más allá del PSOE, o incluso deseándola, olvidan que ese escenario sería una catástrofe para la izquierda social en España: el definitivo triunfo del bipartidismo, en un esquema a la inglesa, no auguraría precisamente buenos tiempos para la construcción de una alternativa socialista al capitalismo. Sin olvidar que la propia existencia de una realidad organizativa, como la representada por el PCE e IU, con todas sus flaquezas, canaliza e impulsa la movilización popular. Hay que ser radical y coherente, pero no conviene iniciar aventuras que terminan siempre por debilitar el espacio social que representan hoy el PCE e IU, fortaleciendo el territorio del PSOE: basta repasar lo ocurrido en los últimos veinte años en España. Apelar al impulso retórico de la lucha popular, esperando que surjan, como por ensalmo, organismos autónomos que desarrollarán la movilización obrera, es una apuesta hecha desde la buena fe pero que corre el peligro de crear una confederación de reinos de taifas incapaz de configurar una seria y creíble alternativa al sistema capitalista. No es que no deba desearse lo mejor, sino que debe perseguirse, además, lo posible en cada coyuntura.
Número de páginas: 4
imprimir


¿Desea opinar sobre este artículo en el foro? Pinche aquí.

Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Lunes, 8 de Diciembre de 2008 12:25:16