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Lápiz. Revista Internacional de Arte 248 Lápiz. Revista Internacional de Arte

Editorial: La polémica del mes

por José Alberto López
Lápiz. Revista Internacional de Arte nº 248, Diciembre 2008

Número de páginas: 2
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Durante buena parte del mes de noviembre, en España, el arte contemporáneo ha acaparado la atención informativa de los grandes medios y, como es habitual, no precisamente para ensalzar sus excelencias, sino, por el contrario, para utilizarlo como elemento de escándalo. Nos estamos refiriendo a la rehabilitación de la Sala XX del Palacio de las Naciones, sede de Naciones Unidas en Ginebra, promovida por el gobierno español y en la que ha participado el artista Miquel Barceló interviniendo la cúpula del recinto. Noticias y artículos bajo este titular se han multiplicado y se han convertido, en una época de crisis económica como la actual, en el gran golpe de efecto informativo al reunir tópicos tan jugosos como los que apuntan a los binomios arte-dinero y dinero público-despilfarro .
Las acusaciones han nacido del partido de la oposición al Gobierno y de medios de comunicación afines, que han aprovechado en buena medida la incapacidad gubernamental para desglosar desde un principio el coste específico de la intervención de Barceló en el proyecto general de la Sala, cuyo gasto global se estima en veinte millones de euros. Poco antes de la inauguración de la sala, se dieron a conocer los honorarios percibidos por Barceló: seis millones de euros.
En todo este proceso ha intervenido un organismo de carácter instrumental: la Fundación Onuart, promovida, presidida y participada en un cuarenta por ciento por el Ministerio de Asuntos Exteriores, proviniendo el sesenta por ciento restante de aportaciones de otros socios privados y públicos, y en la que el mundo del arte se ve representado por los directores de los museos del Prado y el Reina Sofía, y por los directores de Bellas Artes y de Patrimonio Nacional, además de José Francisco Yvars, ex director del ivam, y la galería Art Gaspar. Esta fundación, privada y sin ánimo de lucro, se presentó a los medios de comunicación a principios de septiembre de 2007 como entidad gestora del proyecto, respondiendo a una iniciativa de Juan Antonio March, nombrado embajador ante las Naciones Unidas en Ginebra tras las elecciones de 2004, gran admirador de la obra de Barceló, y mallorquín, como el artista.
En cuanto a las reacciones del mundo del arte, no deja de sorprender el general encarnizamiento gratuito y los discursos altisonantes vacíos de contenido crítico, que repiten sin previa reflexión los argumentos esgrimidos en la lucha partidista, tal como aparecen esquematizados en los diarios, con sus respectivos suplementos culturales a la zaga. El mundo del arte español vuelve a dar muestras de poca autonomía de criterio al ceñirse al discurso de los verdaderos portavoces de esta polémica inútil sin tomarse la molestia de comprobar y procesar de forma independiente ningún dato. Es así que asistimos a la mayor contradicción de los enfervorizados detractores de la ya celebérrima cúpula, que, formando una bulliciosa jauría, se han lanzado a intentar despedazar una obra que ni siquiera han visto... Y con ello dan la medida del sentido del arte que cultivan, cuando piensan que cuatro fotos o unos cuantos registros videográficos pueden en verdad plasmar el efecto que produce una obra de grandes dimensiones en la que el espacio y los efectos cambiantes de la luz, los volúmenes y el color son fundamentales. El ejercicio serio de la crítica de arte debería prevenirles de hablar antes de tener la oportunidad de apreciar en persona la obra.
Por otra parte, en la estela de ese discurso polarizado, manipulado, de los grandes medios, estos detractores claman contra el despilfarro, aunque muchos de ellos callarían si se les invitara a un proyecto semejante como intermediarios. De hecho, no dijeron nada hasta que no estalló la polémica en los grandes medios. No les interesó en absoluto el asunto cuando se presentó el proyecto públicamente el año pasado. Y olvidan, además, una tradicional reivindicación del mundo del arte, aquella que pretende que toda obra pública destine parte del presupuesto a obra artística, más allá del uno por ciento reservado a cultura.
Es triste pensar que si en lugar de a Barceló este proyecto se hubiera encargado a un decorador conocido -sin duda a cambio de los mismos honorarios- el acontecimiento no hubiera despertado el mínimo interés en una facción tan hipócrita y desinformada -o, peor aún, tan aplicada en desinformar- del mundillo del arte español. Quién sabe si hay quienes con su alharaca persiguen ganar atención y erigirse en cazadores de brujas a los que mañana haya que pagar un tributo para mantener en silencio, una práctica muy querida en este mundillo tan susceptible de confundir a advenedizos con profetas. Si no, ¿qué pretenden con su discurso fanático, que en definitiva solo atenta contra la presencia del arte en el mundo de las altas esferas del poder? ¿Por qué vuelven sobre el estólido argumento del "arte al servicio de la política"? ¿Es que acaso puede el arte subsistir fuera de la sociedad, fuera de la realidad, es decir, más allá de la política y del mercado? ¿Es que desconocen por entero la historia del arte? ¿Por qué les incomoda el dinero que se ha pagado al artista español vivo más cotizado? ¿Es que les molesta no sacar tajada? ¿Por qué les estorba su elección? ¿Desearían que no hubiera ninguna obra de arte en este proyecto ni, claro, en ningún otro promovido por el gobierno español? Este seguramente se lo pensará mucho la próxima vez antes de recurrir al conflictivo gremio artístico. Todo, gracias a esos que se quieren presentar como defensores, incluso como representantes oficiales, del mundo del arte. Pero este mundo es ancho y estrecho a la vez. Todos nos conocemos aquí dentro. La fanfarria se ha montado, pues, de cara al foro, y el resultado puede ser una mayor sordera política ante las demandas del sector artístico, representado por figuras y entidades codiciosas y desorientadas, incapaces de dialogar de forma inteligente con el poder para obtener de él los medios que, paradojas de la vida, le aportarían mayor libertad.
En fin, vayan a ver la cúpula de Barceló. Yo ya la he visto y me parece estupenda.
This month's controversy
During a good part of the month of November, contemporary art has captured the attention of the Spanish mass media. As usual, the information they carried did not exactly praise its excellencies; quite the opposite, in fact, since most have used it as an engine for scandal. The controversy focuses around the refurbishment of Hall XX in the Palace of Nations, the United Nations Head Quarters in Geneva. A project promoted by the Spanish Government with the participation of Spanish artist Miquel Barceló, who has worked on the venue's ceiling. The number of news items and articles leading with information about the new dome has multiplied and come in handy, in these times of financial crisis, as an effective and dramatic news item that unites topics as juicy as art vs. money and public money vs. squandering.
The accusations were first voiced by the opposition and the media they hold dear, which have taken advantage of the Spanish government's incapacity to be outright and reveal the specific cost of Barceló's intervention in the general project, which has an estimated total cost of twenty million Euros. Shortly before the Hall was opened, Barceló's fees were revealed: six million Euros.
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