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Lápiz. Revista Internacional de Arte 228 Lápiz. Revista Internacional de Arte

Editorial: El arte y la política /Art and politics

por José Alberto López
Lápiz. Revista Internacional de Arte nº 228, Diciembre 2006

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Hace unos años coincidí con Jordi Gracia -profesor de la Universidad de Barcelona- en México, con motivo de unas conferencias que fuimos invitados a dictar en la unam. Para escándalo de muchos, Gracia sostuvo en aquella disertación la misma tesis en la que abunda en su reciente libro, Estado y Cultura. El despertar de una conciencia crítica bajo el franquismo, 1940-1962 . Gracia afirma que la modernidad cultural en España nace del estercolero franquista y que, bajo aquel sistema, se fraguó la carrera de figuras de la talla de Juan Benet, Rafael Sánchez Ferlosio y José María Valverde. Dice también que, durante la dictadura, entre los propios "vencedores", se dieron diversos brotes de disidencia intelectual y que esa actitud permitió una transición cultural más rápida que la política. En la reconstrucción democrática habrían participado también músicos como Luis de Pablo, arquitectos como Sáenz de Oiza o artistas como Guinovart y Tàpies.
No hay que olvidar, en todo caso, que, durante el franquismo, existieron movimientos artísticos acoplados al poder político que impusieron una "iconicidad" regresiva, vinculada a un tradicionalismo exaltador de los valores de la "raza", de lo nacional-católico, de lo popular y de lo "heroico". Contemporáneos del franquismo, los regímenes totalitarios de la Rusia soviética y de la China comunista colapsaron asimismo la evolución del arte en aquellos países. No obstante, los movimientos artísticos que les sobrevivieron extrajeron de esos sistemas motivos para la parodia o para el ataque virulento al fenecido gobierno opresor. Podemos observar esto, por ejemplo, en el arte chino de las últimas dos décadas, tal como se analiza en la segunda parte de nuestro acercamiento a la producción plástica actual en China, que ofrecemos en este número de Lápiz .
Con respecto al arte español, sin embargo, llama la atención el hecho de que, con el advenimiento de la democracia, la rancia iconografía de la Falange y de la Dictadura franquista quedó sepultada sin más, como si nunca hubiera existido. Quizás la explicación se encuentre en la extensa vida del régimen franquista, que difuminó el papel de los artistas que colaboraron activamente en la Dictadura -muchos de los cuales fueron entronizados tras la transición democrática, en un acto de amnesia colectiva digno de estudio-, o quizás se encuentre en el miedo a remover el pasado. Tal vez puede explicarse por el temor del artista a un mercado conservador, o quizás por el ritmo desacompasado de la transición política, más lenta que la cultural, como sostiene Gracia.
Sea como fuere, el arte postfranquista siguió derroteros muy distintos a los del arte en Rusia y China, inspirándose muy poco en la historia política reciente de España. Algunas notables excepciones solo confirman la regla: entre éstas, podemos citar la de Francesc Torres y la de Fernando Sánchez Castillo, con sus manipulaciones simbólicas de la estatua ecuestre de Franco, tal como se ha podido ver en su reciente exposición en el Centre d'Art Santa Mònica , en Barcelona.
Art and politics
A few years ago, I ran into Jordi Gracia -a lecturer at the Universidad de Barcelona- in Mexico, during some conferences we were invited to deliver at the unam. Gracia shocked a good part of the audience by expounding in his dissertation the same thesis he discusses in his recent book, Estado y Cultura. El despertar de una conciencia crítica bajo el franquismo, 1940-1962 (State and Culture. The awakening of a critical conscience under Franco's regime, 1940-1962). Gracia states that cultural modernity in Spain stems from the dunghill of Franco's times and that that system forged the career of names as important as Juan Benet, Rafael Sánchez Ferlosio and José María Valverde. He also states that, during the dictatorship, there were several outbreaks of intellectual dissidence among the "victors," and that said attitude allowed for the cultural transition to take place at a greater pace than the political one. Therefore, musicians like Luis de Pablo, architects like Sáenz de Oiza or artists such as Guinovart and Tàpies would also have taken part in the democratic reconstruction.
In any case, we must bear in mind that, during Franco's regime, there were artistic movements attached to the political power that imposed a regressive "iconicity," linked to a traditionalism that extolled the values of "race," and of national-catholic, popular and "heroic" elements. Contemporary with Franco's era, the totalitarian regimes of Soviet Russia and Communist China also collapsed the evolution of art in those countries. Nevertheless, the artistic movements that outlived them extracted from those systems motifs that were used to parody or violently attack the expired oppressing government. This is notable, for instance, in the Chinese art produced in the last two decades, as analysed in the second part of our approach to current art production in China, which appears in this issue of Lápiz .
As regards Spanish art, however, it is significant that, with the advent of democracy, the ancient iconography of the Falange and Franco's Dictatorship was merely buried, as if it had never existed. Perhaps the answer lies in the long life of Franco's regime, which blurred the role of the artists that collaborated actively with the Dictatorship -many of which were enthroned after the transition to democracy, in an act of collective amnesia that well deserves to be studied-, or perhaps it could be due to fear of stirring up the past. It could possibly be explained because of the anxiety artists feel towards a conservative market, or the irregular rhythm of the political transition, which developed at a slower tempo than the cultural transition, as Gracia argues.
Whichever the case, art in post-Franco times followed very different footsteps to art in Russia and China, hardly taking its inspiration from Spain's recent political history. Some memorable exceptions only prove the rule: for instance, Francesc Torres and Fernando Sánchez Castillo, with their symbolical manipulations of Franco's equestrian statue, on display at their recent exhibition at the Centre d'Art Santa Mònica , in Barcelona.
Translation: Laura F. Farhall
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