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Lápiz. Revista Internacional de Arte 221 Lápiz. Revista Internacional de Arte

Entrevista a Rafael Gelman: "Anecdotario de un coleccionista"

por Vivianne Loría
Lápiz. Revista Internacional de Arte nº 221, Marzo 2006

Número de páginas: 5
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R.- Uf, sí. Siempre quise tener un Rauschenberg, por ejemplo, y creo que ya se me fue de las manos. Éste es un pintor que me apasiona, que me entusiasma enormemente, y un artista a quien conozco además, con quien tenemos fotografías mi esposa y yo. Pero, lamentablemente, cuando voy acercándome a la posibilidad de comprar una de sus obras, él sube otro escalón. Se me escapa. Eso ya me ocurrió antes: cuando me gradué tenía algunos ahorros y, estando en París, en 1969, me ofrecieron un Max Ernst, un parabán, pintado por las seis caras, por el que me pedían 96.000 francos -unos 20.000 dólares en aquella época-, pero yo no tenía suficiente dinero para comprarlo. Para cuando reuní el dinero, las obras de este artista costaban mucho más. Lo mismo me sucedió con un Calder de mesa, un Calder pequeñito que pedí a un dealer que me consiguiera. Tuve que hacer un viaje a Venezuela, dejando a mi mujer en París; ella me llamó a las dos semanas dándome la noticia de que nos habían conseguido el Calder. Costaba 25.000 francos -en esa época, el franco y el bolívar de Venezuela estaban a la par-, eran 5.000 dólares, pero yo, que estaba terminando mi año sabático, había gastado todo lo que teníamos ahorrado, así que le aconsejé a mi mujer: "Ni lo vayas a ver, porque si lo ves lo vamos a comprar". Fue un gran error. Debí haber solicitado un préstamo en el banco para comprar ese Calder, que ahora vale entre 600.000 y 700.000 dólares. Son errores que uno comete. Como coleccionista, vas muchas veces detrás de cosas que desearías tener como fuera, pero que no logras alcanzar. En todo caso, sí tengo otras muchas cosas, muy buenas, y soy muy feliz viéndolas.
P.- Se inclina entonces por convivir con las obras de su colección.
R.- Indiscutiblemente. Aunque algunas están guardadas, sí vivo rodeado por mis obras. Las tengo en el apartamento de Miami, en la casa de mi hijo, y en el apartamento de mi hija. Y también tengo algunas obras en casa de mi hijo en Madrid. El ver las obras me estimula para continuar con la colección. Es una pena que en Venezuela no hayamos podido dejar mejores piezas. Allí se ha quedado la colección de arte venezolano. Pero estoy contento: vivo rodeado de cosas que tengo desde mi juventud y de las cuales no deseo desprenderme.
P.- ¿Le han dado problemas de conservación algunas obras?
R.- No, no he tenido mayores problemas con la conservación. De Arte Povera tengo muy poco, pues he observado cómo muchos amigos que tienen obras Povera las han visto degradarse, y eso me ha hecho evitar meterme de lleno en esa corriente. Y es que, además, cuando un museo te pide prestada una obra Povera, es muy difícil que te la devuelva en las mismas condiciones en que la enviaste.
P.- ¿Huye usted entonces de obras que exigen medidas especiales de conservación?
R.- Me lo pienso, pues poco ganamos al adquirir una obra que va a ir degenerándose con el paso del tiempo. Entonces ya no será la obra que tú querías tener. Siempre debes hacerte con la obra que puedas conservar, y que pueda "servir" a los demás, si algún día te la piden prestada.
P.- ¿Cuál cree que será el destino de su colección?
R.- Yo pensé hacer una fundación, que acogiera las obras, pero no nos hemos puesto de acuerdo mi esposa y yo. Me gustaría que mi colección estuviese a la vista de todo el mundo. Sin embargo, dada la situación política en Venezuela, esto de momento no puede ser. Ojalá pudiera algún día ceder la colección a una buena institución, a algún museo, o a alguna fundación de mi país. Desearía que esas obras estuvieran expuestas siempre. De lo contrario, mis hijos se quedarán con las que más les gusten, y el resto, lamentablemente, irá a subasta.
P.- ¿Se puede heredar el gusto por el coleccionismo?
R.- Yo creo que sí. Todos los domingos llevábamos a nuestros hijos, cuando tenían cinco años de edad, a ver galerías. Ellos protestaban, pero siempre iban. Más tarde, cuando mis hijos, en la ciudad de Caracas, comenzaron sus carreras universitarias, uno en Economía y el otro en Administración, deseaban mantenerse solos. Fue así como idearon vender obras de arte. Se valieron para ello de los contactos que teníamos con los artistas, quienes les dieron piezas en consignación, y, en cinco años de carrera, llegaron a vender casi 540 obras de arte. En cuanto a mi hija, la puedes ver visitando ferias ella sola; no quiere que yo la acompañe, para que no influya en su gusto.
P.- ¿Adquiere usted más en ferias, o prefiere comprar en las sedes de las galerías?
R.- Visito constantemente numerosas galerías en distintas ciudades. Las de Madrid, por ejemplo, las visito dos o tres veces al año, pero prefiero las de Francia, seguidas por las de Nueva York. No obstante, donde más adquiero piezas, realmente, es en ferias. Compro cuatro o cinco piezas en promedio, algunas más valiosas que otras.
P.- ¿Destina algún presupuesto anual más o menos fijo a la adquisición de obras de arte?
R.- La verdad es que no, no planifico ningún presupuesto, y eso es motivo de pelea entre mi mujer y yo. Ella a veces me reprocha: "¡Caramba! Este año hemos gastado mucho en obras de arte"... Total, en ocasiones pasamos una temporada -seis, ocho meses- sin comprar nada, porque no vemos nada que nos interese. En otros momentos, compramos cinco o diez obras de una vez.
P.- ¿Cuáles considera que son las ferias de arte más importantes?
R.- Puedo enumerar las ferias más importantes para mí, aquéllas a las que acudo. En primer lugar, arco , en Madrid, que es una feria que ha hecho que la ciudad cambie, a la que acuden 200.000 personas. Ésa es una afluencia nunca vista en ninguna feria. La primera vez que estuve en ARCO, vi cómo la gente venía con sus bocadillos y su botella de vino y se sentaban en los pasillos a merendar. Me pareció inmensamente bello, muy poético, a pesar de que a algunos galeristas no les gustara. Después de arco , que es una feria populosa, nos gusta ir al Armory Show, que ha alcanzado un buen nivel en lo estrictamente contemporáneo. Después del Armory Show, nos gusta Art Basel en Suiza, que es la reina de las ferias por ahora. En Basilea, el problema es que, después de que se cierra la feria, a las siete de la tarde, no hay muchos sitios donde comer, ni terrazas donde solazarte. Resulta fastidioso; no hay nada que hacer, y es que uno va a una ciudad no solo a ver arte, sino también a comer bien, a divertirse. Después de Basel, nos gusta ir a Frieze... Aunque este año no fui, ya que el año pasado [2004] se dieron unos incidentes que nos disgustaron: aparentemente, dejaron entrar a determinado número de coleccionistas antes que a los invitados especiales. Para cuando entramos nosotros, todo se había vendido ya, en media hora. Aquellos coleccionistas a los que hicieron entrar antes habían comprado prácticamente todo lo que interesaba. En fin, después de Frieze, Art Basel Miami Beach es la quinta feria a la que nos gusta asistir. Por supuesto, también visitamos la feria de Caracas y otras ferias pequeñas, pero más como muestra de apoyo que para comprar, porque se trata de ferias que aún no ofrecen obras de la calidad que buscamos para nuestra colección.
P.- De lo que ha dicho antes sobre sus visitas a las galerías puede inferirse que siente preferencia por las galerías francesas. ¿Qué puede decirnos de la feria de arte más representativa de París, la fiac ?
R.- Estuvimos asistiendo a la FIAC durante años, cuando creíamos que era una buena feria. El problema fue que decayó muchísimo, y aunque llevan dos años tratando de mejorarla, todavía no es una feria que alcance el nivel de las cinco que he mencionado antes. Volvimos a visitar la FIAC en 2004 y hemos regresado este año también, y, sí, la vimos un poco mejor, pero ya no es una de las cinco mejores.
P.- Bueno, obviamente, tendrá obras de muchos artistas españoles en su colección...
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