Otra de las premisas engañosas y eventualmente falsas del nuevo arte en Nueva York es la idea misma de Nueva York. ¿Arte neoyorkino? Esta exposición podía haberse hecho en Buenos Aires, Tokio, París o Berlín (aunque probablemente no en Madrid), y estos artistas podrían estar trabajando, y lo están haciendo, en muchas ciudades de todo el mundo. No hay un "arte de Nueva York" entendido en el sentido de un grupo de artistas trabajando mano a mano inspirados e influenciados por la ciudad. Lo que tenemos es un montón de artistas trabajando en la misma ciudad, pero sin compartir temas comunes o juntarse en actividades colectivas. Individualismo, aislamiento, competición: "El éxito es una profesión en Nueva York", dijo Andy Warhol, y la ciudad no es más una fuerza aglutinante como lo fue para Matta-Clark en el SoHo o para Kiki Smith en el East Village. Había entonces un sentido fuerte de pertenecer a Nueva York, una conciencia de ser un artista en la capital del mundo. Greater New York dejó a algunos en el mundo del arte con la sospecha de que los artistas jóvenes de hoy viven aquí porque aquí están el mercado y las galerías: sacando provecho de la ciudad posiblemente no en lo artístico, sino de un modo meramente económico y profesional.
Es extraordinaria, sin embargo, la verdadera diversidad de estos artistas jóvenes. La nueva generación asentada en Nueva York ya no es exclusivamente norteamericana, sino de Alemania, México, Pakistán, Eslovenia, Etiopía y de cualquier rincón del mundo.
Respecto a los temas artísticos tratados por los "emergentes" en Nueva York, la falta de implicación con el mundo real, en la política y en otros asuntos que constituyen nuestra sociedad resulta casi escandalosa. Estos artistas parecen estar inmersos en sus mundos de felicidad y diversión adolescente, reflejando una "joie de vivre" que puede ser sin más un reflejo de sus vidas: artistas jóvenes, exitosos y de moda sin otras preocupaciones excepto pasárselo bien y disfrutar. Para una ciudad que solo ahora empieza a recuperarse totalmente de la devastación de los ataques del 11 de Septiembre de 2001, periódicamente puesta en estado de alarma y miedo por supuestas amenazas terroristas y que vive bajo la siempre presente dificultad de ser un enclave masivamente demócrata en un país cada vez más republicano, los artistas incluidos en Greater New York 2005 demostraron estar ajenos casi por completo a asuntos espinosos de política y sociedad.
Este tipo de artista gozoso que ignora la política y asuntos de actualidad sigue el camino muy popular del hedonismo, la tontería, la inanidad adolescente y la diversión infantil, representando ninjas, aliens, vikingos, criaturas extrañas (el Yeti fue un tema popular en la exposición) y otros temas de una cultura pop y televisiva. También se recrean en el "ser joven y pasárselo bien": basan su obra en el cuerpo, mente y aficiones adolescentes, muestran una alarmante falta de profundidad y, al final, no logran trascender. Otra orientación de estos artistas faltos de conciencia histórica es la de las manualidades: construcciones en papel y madera que recuerdan un concurso de escuela o una actividad extraescolar. Este arte de "tijeras y pegamento", hecho a mano, requiere sin duda habilidad para cortar y pegar, pero, por desgracia, las obras resultantes revelan poco más que una superficie elaborada.
Algunos de estos artistas de la manualidad inane han de ser destacados. Ryan McGinley, que no es artesano, pero sí, sin duda, vacío, fue el artista más joven en obtener una exposición individual en el Whitney Museum de Nueva York (su primera muestra europea se celebra en el musac de León este otoño). Sus fotografías de amigos jóvenes y drogados y de la "cultura juvenil" del Lower East Side de Manhattan siguen la estela de Nan Goldin en el East Village de los ochenta o de Wolfgang Tillmans en Londres y Berlín en los años noventa, y no contribuyen con nada nuevo o provocador a este manido estilo de Polaroids hechas en casa. Ian Burns expuso la que fue posiblemente la obra más popular entre los jóvenes visitantes de Greater New York: The Epic Tour , un circuito construido en madera con una cabina en la que el espectador puede montarse. El público disfrutó mucho, pero para el crítico era difícil ver nada más allá del factor sorpresa. El doble vídeo de adolescentes retozando en el jardín de Jen DeNike desconcertaba por su vaciedad. Saya Woolfalk tenía una sala entera para desplegar su arte: muñecos hechos a mano e imaginería pop con supuestas referencias a asuntos de raza y género, pero el sitio parecía, simplemente, una habitación infantil. El irritante Peter Caine se ríe de todos y se llama a sí mismo "artista" sabiendo que provocará enfado. Sus tableaux protagonizados por grandes marionetas hechas de objetos encontrados tienen mucha de la perversión de Paul McCarthy y del absurdo de Jake & Dinos Chapman; su completa falta de ningún sentido, salvo el de molestar, podría ser un efecto Dadá y su actitud de "no soy artista", un necesario insulto al circo del arte, pero, en última instancia, esto es arte probablemente y solo porque ha sido legitimado por galeristas, coleccionistas y, ahora, comisarios.
Por otro lado, un sorprendentemente sólido número de artistas que muestran madurez y una referencia apropiacionista, respetuosa o burlona a la historia y a la historia del arte sobresalieron de entre la multitud de Greater New York. Este grupo de jóvenes creadores trabajan en varios medios, sobre todo en escultura, pero también en instalación, pintura, vídeo y fotografía, lejos de trivialidades y juegos, y tratando asuntos serios sin ser repetitivos o aburridos. Graduados, al igual que la pandilla de artesanos, por las más prestigiosas universidades del país, estos importantes artistas muestran un acercamiento radicalmente diferente a la creación artística y al ser artista hoy. Su arte tiene gran consecuencia e impacto, es atrayente y estimulante, ambicioso e inquietante, con sentido.
De estos, Banks Violette destaca sin esfuerzo como el más importante creador joven de nuestros tiempos en Nueva York, y mucho más allá de la ciudad. Las esculturas incluidas en Greater New York, donde tuvo sala propia y fue aclamado por la crítica, unían referencias a la historia del arte con innovación y frescura. En las superficies relucientes y oscuras de sus esculturas de metal pulido que reflejaban a los espectadores estaban presentes las influencias de Gerhard Richter, Frank Stella o Robert Smithson. Minimalismo y maestros modernos, pero también goticismo , oscuridad y subcultura juvenil, en esa asombrosamente sólida mezcla de alta y baja cultura que Banks Violette domina.
La impactante obra conceptual del británico Adam McEwen se sitúa cercana a Violette en solidez artística. En pintura, escultura o fotografía, McEwen cuestiona, trabaja y revisa la historia usando materiales cotidianos y ecos del alcance de John Baldessari, On Kawara, Richard Prince y Félix González-Torres. En Greater New York, presentó una versión ampliada e invertida de la famosa fotografía de Benito Mussolini y Clara Pettaci colgados en una plaza de Milán. Dramática y enérgica, en ella los cuerpos adquieren una inquietante dimensión de viveza.