De radical a lo establecido - Bruno LeMieux-Ruibal
Veamos la historia de Dana Schutz: nacida en Michigan en 1976 y recién graduada del afamado Máster de Bellas Artes de Columbia University, pintó su monumental lienzo Presentation (2005) pensando en su inclusión en Greater New York 2005, la enorme muestra de arte joven de Nueva York organizada por el ps 1 / moma que tuvo lugar de marzo a septiembre de este año 2005. Los comisarios hicieron de Schutz y su cuadro gigante el centro de la muestra; casi todos los críticos que atacaron, con furia y en masa, la exposición en conjunto mostraron su pasión por la pintura de la artista. Coleccionistas poderosos donaron la obra al Museum of Modern Art. Siete días antes de que Greater New York 2005 cerrara en ps 1 Contemporary Art Center, el cuadro de Dana Schutz finalizó su proceso de asimilación en el sistema del arte corporativo al ser llevado de Long Island City (hogar del ps 1 ) a Manhattan (domicilio del poderoso m o ma ) para ser exhibido durante nueve meses en Take Two , el segundo montaje de la colección de arte contemporáneo del Modern.
El hueco dejado en Greater New York fue cubierto con otro lienzo de gran formato, préstamo de un prominente coleccionista y mecenas del arte joven que es también patrono del m o ma . Dana Schutz sigue viviendo en el mismo estudio en la parte oeste de Harlem, rechazando el reclamo de importantes galerías desesperadas por contratarla. Doce de sus pinturas están en la Saatchi Collection de Londres, expuestas como parte de la serie The Triumph of Painting .
La vida y el arte de Dana Schutz, preparados para, y absorbidos instantáneamente por, un mercado insaciable en busca de artistas jóvenes son la encarnación perfecta no solo del tipo de artista que vive y trabaja en Nueva York actualmente, sino del mundo del arte en que estamos viviendo (la ahora famosa y solicitada pintora Julie Mehretu, también residente en Harlem, fue la protagonista de una historia idéntica: desde ser descubierta en la primera edición de Greater New York en el año 2000 hasta aparecer en el nuevo m o ma , solo que su asimilación fue más lenta).
Tiendo a comparar, probablemente de forma injusta, el Nueva York de hoy con el de finales de los sesenta y setenta. Entonces, el arte conceptual, el minimal y el land art, entre otros, nacieron de artistas inteligentes, propensos a hablar de, escribir sobre y estar comprometidos a fondo con el arte; "Arte" concebido como un medio de expresar lo interior. Los setenta vieron una ciudad rota cercana a la ruina y autodestrucción debido a una severa crisis fiscal, pero cuya comunidad artística (como nunca ha habido otra) era viva y apasionante. Lo que importaba eran el arte y las ideas, no las apariencias y contactos sociales. Todo parecía posible: entre el deterioro y la falta de dinero había una abundancia de creatividad y de actividad comunal y artística. Aun en los ochenta, la época de la economía reaganiana, frenesí de Wall Street y del capitalismo desenfrenado, varios artistas, en torno al East Village de Manhattan, intentaron mantener un refugio de creación artística ajeno a las políticas establecidas de mercado y dinero.
Todos ellos fueron absorbidos, y aquellos que no se plegaron a las reglas del mundo del arte comercial simplemente desaparecieron.
No debería entonces sorprender o escandalizar que los artistas jóvenes que trabajan en Nueva York hoy no sean sino reflejo y reflexión de su tiempo. Si, como dijo el artista alemán Wolf Vostell, "arte es vida, y vida es arte", la más reciente hornada de artistas en esta ciudad están respondiendo a una era de marketing exagerado en el que el dinero caliente, un mercado hambriento y el ansia de juventud crean deseos de fama instantánea y de una carrera rentable. Si Gordon Matta-Clark y sus compañeros en los años setenta crearon un arte revolucionario fuera del mercado y en una ciudad que amenazaba ruina física y mental, los artistas del nuevo milenio están trabajando en, para y por el mercado en una ciudad que luce fabulosa, donde los ricos son más ricos, los pobres son más pobres que nunca y la clase media se fue hace tiempo a los suburbios en Nueva Jersey: Manhattan parece algunas veces estar al borde de convertirse en un carísimo centro comercial para la clase alta. Esto no es el SoHo de la década de los setenta.
A pesar de ser Nueva York un lugar en constante cambio, donde casi nada sigue igual y añorar el pasado tiene menos sentido que en otras partes, la actual carga que el mercado supone para el arte y los artistas está alcanzando niveles de asfixia (y, por tanto, de posible estallido y vuelta a la "normalidad").
Para muchos, la mayoría de los artistas que trabajan en Nueva York parecen clones prefabricados. Todos quieren ser "artistas", ricos y famosos, ser invitados a eventos, exponer rápido y vender mucho, conseguir un contrato con una galería en Chelsea. A estos artistas se los lleva una galería y un coleccionista los compra (en más de un sentido) mucho antes de estar formados o maduros, y luego el museo.
En nuestra presente locura por todo lo joven y supuestamente cool , agentes de galerías ansiosas, coleccionistas y museos buscan en los programas y exposiciones de Bellas Artes de las universidades más prestigiosas de norteamérica estudiantes anhelantes por abrirse paso. Se podría decir que se reconocen mutuamente, saben que se buscan y se necesitan unos a los otros. El galerista y el artista, a menudo los dos tan jóvenes como ambiciosos, profesionales como inversores de Wall Street, quizá incluso los dos graduados (o a punto de) por la misma universidad, uno en Bellas Artes, el otro en Administración de Empresas. Trabajan juntos.
La primera edición de Greater New York imponía como requisito a los artistas participantes no haber tenido una exposición individual en una galería. La renovada edición de 2005 en ps 1 puso como condición el haber "emergido" desde la primera presentación en 2000. Esta "emergencia" supone, en términos de un mercado efervescente y explosivo, exactamente lo opuesto a la premisa de la primera edición: la mayoría de los 167 artistas incluidos en Greater New York 2005 tienen galería. Y un artista como Ryan McGinness tiene no una, sino cinco galerías en cuatro países, incluido España.
Aquellos artistas en esa exposición cuyo rótulo no rezaba "cortesía de tal galería", rezaba entonces "cortesía de tal (influyente) coleccionista privado", y muy pocos rótulos mostraban "cortesía del artista". No es extraño, pues, pero sí desmoralizador, que de más de dos mil artistas que enviaron obra en una convocatoria abierta, los comisarios eligieran artistas en su mayoría "conocidos" y establecidos, rechazando aquellos con propuestas de interés, con esperanzas y sin conexiones. Los que fueron admitidos tienen no solo contratos con galerías, como se ha dicho, sino también exposiciones en museos y bienales de todo el mundo y artículos y portadas en revistas (aunque, al mismo tiempo, muchos de ellos están todavía estudiando).
¿Es "sano" ser adquirido y exhibido por el moma a los 27 años, o incluso antes?
También de modo totalmente no fortuito, Greater New York se inauguró coincidiendo con las ferias de arte de marzo en Nueva York. Y, en efecto, la muestra era como una feria, solo que de mayor duración. Un evento ordenado y profesional para que los coleccionistas elijan y los que imponen el gusto decidan quién reinará y conseguirá fama, pero a la vez un acontecimiento que fue, por lo general, aburrido y predecible salvo por un puñado de inesperadas gratificaciones artísticas. Trágicamente, el arte "emergente" de Nueva York que se vio en Greater New York no emociona, ni tampoco es emergente; ni siquiera "joven".