BIENNALE D'ART CONTEMPORAIN DE LYON 2005
Este año, como en 2003, la Bienal de Lyon ha mantenido su escala humana, desperdigándose muy controladamente por cinco puntos de la ciudad, y conservando como corazón La Sucrière. Es innegable que la comisión de la curaduría del proyecto a los todavía directores del Palais de Tokyo de París, Nicolas Bourriaud y Jérôme Sans, levantaba expectativas de un hálito de modernez , quizás de "ruptura", que podría barrer la a veces excesiva contención de la Bienal. Los comisarios, no obstante, no han podido ofrecer ninguna novedad remarcable, más allá de su adscripción evidente a la moda del dibujo y de la estética del cómic, propia del circulillo más "in" del mundo del arte contemporáneo.
Los comisarios han titulado su proyecto Expérience de la durée ; literalmente, "la experiencia de la duración". Pero el rastro de la coordenada temporal solo puede deducirse de las obras audiovisuales, y quizás de las instalaciones y penetrables, que, obviamente, exigen unos minutos de tránsito a través del espacio que ocupan. No encontramos, de esta forma, mayores sutilezas en la interpretación del "tiempo" en esta propuesta. Cunde la literalidad, lo que no significa que sea fácil en todos los casos descubrir el rastro de la temporalidad en las distintas piezas seleccionadas. Algunas presentan textos diversos, que exigen detenerse en la lectura, hecho que puede tornarse irritante; otras requieren la concentración del espectador en la evolución de la imagen. Es el caso de los vídeos y films, que muchas veces no desarrollan argumento ninguno. También encontramos propuestas que demandan la experimentación del espacio, debiendo atravesarlas para alcanzar su sentido último. Finalmente, hallamos obras que nos exigen un tiempo para la asimilación, en ocasiones porque debemos descubrirlas y aislarlas de su contexto ajeno al arte, o bien porque debemos esforzarnos en su comprensión visual o conceptual. En todos los casos, es evidente que los comisarios han hilado muy fino el concepto del tiempo.
Ateniéndonos al interés específico de las obras presentes en esta edición de la Bienal, al margen del discurso curatorial, podemos destacar algunos proyectos encontrados en las tres sedes principales. Así, en La Sucrière, se puede disfrutar del divertido penetrable de Martin Creed Work Nº 329: Half the Air in a Given Space , que consiste en una habitación que el espectador ha de atravesar salvando el mar de globos fucsia que la copa. Al salir de este espacio, nos encontramos con la inquietante Escarlate , de Virginie Barré, una habitación carmesí entre cuyas lámparas de globo blancas se sostiene el cuerpo inerte de una mujer, maniquí vestido de rojo del que se presume ha salido el chorro de sangre que se simboliza en el suelo por una superficie rubí sobre la que se observan dos zapatos de tacón negros. La música de los años cuarenta que suena de fondo acentúa el cariz melancólico de la escena. Otro penetrable remarcable es el de Ann-Veronica Janssens, lee 12!, un habitáculo inundado con una espesa neblina verdosa. Por su parte, Saâdane Atif presenta una atractiva obra sonora, Power Chords (2005), integrada por once guitarras eléctricas con sus respectivos amplificadores, "tocadas" automáticamente gracias a un programa de ordenador y un sistema mecánico.
Volviendo al aspecto lúdico, y acentuando la exigencia de involucrarse planteada al espectador, la obra 25 Carioca N.02 A Volta Dos Três Cavaleiros (1994), de Rivane Neuenschwander, está constituida por ocho módulos a modo de páginas donde se observan numerosos "bocadillos" que el espectador puede rellenar con leyendas de su autoría. Esperpéntica resulta la propuesta ambiental y audiovisual de Fabien Verschaere, titulada Magic Travel Take Away (2005), verdadera ocurrencia adolescente marcada por la influencia del manga y el videoclip. A gran distancia de esta tonta pieza se encuentra el punzante proyecto Adorno Was Wrong With His Ideas About Art (2005), de Erwin Wurm, consistente en varias planchas de madera o conglomerado con distintas instrucciones para llevar a cabo sus famosas esculturas de minuto.
Del capítulo audiovisual en La Sucrière, destacan el film protagonizado por marionetas This Is Not A Time For Dreaming , de Pierre Huyghe, y, aunque solo como referente histórico, el film de Andy Warhol Sleep (1963), que muestra a un hombre durmiendo, sencillamente. Relacionado con éste, el film de Yoko Ono, Smile - Film Nº 5 (1968), exhibido en el Institute d'Art Contemporain de Villeurbanne, se concentra también en un acto cotidiano intrascendente, mostrando de forma ralentizada a un sonriente John Lennon. También en esta sede de la Bienal, la animación por ordenador My Birds... Trash... The Future , de Paul Chan, resulta llamativa, con su proyección en dos caras de la pantalla de un paisaje desolador, apocalíptico, su espíritu rabiosamente anclado en la estética del videojuego. Igualmente, puede destacarse en el Institute la intervención específica de Kendell Geers, On the Declamation and Preemenence of the Female Sex , cuyo interés sobrevive a las ataduras del enrevesado discurso en que se basa.
En el Musée d'Art Contemporain de Lyon, sobresale la obra Seven Minutes Before (2004), de Melik Ohanian: siete videoproyecciones sincronizadas de gran potencia visual. La instalación con efectos sonoros y cromáticos de Brian Eno, Quiet Club , también resulta seductora, aunque solo sea en el plano sensorial. En la sala Le Rectangle, Wim Delvoye expone una gran serie de piezas bidimensionales con etiquetas publicitarias que muestran una vaca que ríe, y en Le Fort Saint-Jean pueden verse distintos films experimentales.
La Bienal de Lyon ha cumplido, así, otra edición más sin apostar demasiado, y sin arriesgar, por tanto, su espíritu contenido.
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The obsession of time
This year, as in 2003, the Lyon Biennial has maintained its human scale, spreading out, in a very controlled manner, around five points in the city, and preserving La Sucrière as its centre point. It is undeniable that the fact that the project was commissioned to the directors of Paris' Palais de Tokyo, Nicolas Bourriaud and Jérôme Sans, created expectations of a breath of modernity , perhaps of "rupture," that could sweep away the sometimes excessive contention of the Biennial. Nevertheless, the curators have not been able to contribute any remarkable innovations, beyond their evident attachment to the trend that favours drawing and comics aesthetics, typical of the "trendiest" circle of the contemporary art world.