Si se puede definir el humor como algo capaz de poner en cuestión lo establecido y reflejarnos lo absurdo evidente de nuestra realidad, algo capaz de cambiar la hiperseriedad de nuestras actitudes para hacernos llegar, con ello, a la verdadera madurez del razonamiento, no puede negarse entonces el sentido del humor que, inteligentemente planteado, caracteriza el trabajo del artista austríaco Erwin Wurm.
La obra de Wurm (Bruck/Mur, 1954) ha sido definida en ocasiones como conceptual,
relacionándola con diferentes lenguajes alternativos, debido quizás
a la variedad de medios que este artista utiliza (vídeo, fotografía,
accionismo), así como a la peculiaridad de algunos de los materiales a
los que recurre (desde bolígrafos o pepinillos hasta ropa usada). Sin embargo,
un análisis detallado de su trabajo nos desvela una obra de carácter
eminentemente escultórico -en su mayor parte- y que se define
por una serie de "categorías" siempre presentes, planteadas
no de manera aislada, sino correspondiéndose entre sí cual una red
de causa-efecto-causa.
La dialéctica entre vacío y materia, las posibilidades intrínsecas
de los materiales, el diálogo entre escultura y objeto no escultórico,
el cuerpo como soporte y la idea de transformación; estas "categorías"
escultóricas están prácticamente siempre presentes en la
variada obra de Erwin Wurm, aunque la finalidad de su planteamiento sea la de
llevar al límite sus significados y poner en cuestión la "categoría"
misma -¿la más esencial?- que define la escultura como
lenguaje artístico clásico: su propia perdurabilidad.
Desde finales de los años ochenta, Wurm ha producido obras a partir de
las trazas de polvo marcadas por el contorno de objetos que un día ocuparon
aquel lugar ahora vacío. Lo intangible toma forma, mostrándonos
la existencia de unos objetos a partir de su ausencia. Así, la dialéctica
entre materia y vacío -que aquí se transforma en la de presencia
y ausencia- se corresponde con las posibilidades intrínsecas de un
material tan poco "escultórico" como las partículas
de polvo; un material que, a su vez, estimula muchas asociaciones y procesos mentales.
Los restos de polvo, tal como la ceniza que queda del fuego, nos muestran lo que
fue y aunque los asociamos a la suciedad, también los relacionamos con
algo vivo. La aséptica limpieza, en cambio, la asociamos a lo extinto,
a aquello sin vida.
Un elemento muy interesante que Wurm hace entrar en juego en esa serie de trabajos
es la vitrina -que nos remite al rol establecido de las instituciones artísticas-,
como algo que protege el objeto pero también que determina lo que es digno
de ser visto y, finalmente, lo que es, o no es, arte. Todo ello, planteado en
un gesto tan transgresor como cargado de ironía: el de escenificar la misma
ausencia.
Una de las series más conocidas de Erwin Wurm es Gegenstände (1988-2004):
prendas de ropa, con los detalles evidentes que las caracterizan -ojales,
solapas, bolsillos-, que, en lugar de mostrar su textura normal, que puede
doblarse, se han transformado en objetos duros, rígidos, cambiando de forma
absoluta y sorprendente la percepción que tendríamos de estas mismas
prendas si su materialidad fuera la "normal". Lo conocido, por próximo
y cotidiano, de una prenda de vestir se convierte aquí en algo extraño,
impropio, alejado de nuestro entorno, que provoca, a la vez que cierto desasosiego,
una sonrisa inevitable ante su extravagancia.
Esta pérdida de rol de unas ropas que ya no visten al cuerpo humano, sino
que crean otras formas, otros cuerpos si se quiere, es lo que de alguna manera
se constata en la acción registrada en el vídeo 59 Positions (59
Posturas, 1992), en el que Wurm continúa explorando las constantes escultóricas
que definen su obra. Junto al empleo peculiar de un material no escultórico
como la ropa, también está presente la idea de la transformación,
ya que esta propuesta se basa en el propio proceso. Vemos aquí bultos antropomórficos
que esconden cuerpos agachados o tumbados en el suelo, enfundados literalmente
en unas ropas que les limitan y que posibilitan a la vez sus diferentes posturas.
Algo de entrañable define a esta especie de esculturas vivientes, que contrasta
con lo grotesco de sus contorsiones y movimientos.
Podemos vincular a estas obras las series de fotografías que muestran a
la misma persona en su estado "normal" y también engordada-transformada
por el uso de prendas de ropa superpuestas, como en la pieza Me, Me, Fat (Yo,
yo, gordo, 1993). Igualmente, en el vídeo Face (a Thousand Portraits) [Cara
(mil retratos), 1993-94], se registra un rostro que cada pocos segundos cambia
de gesto, de expresión, perdiendo así cualquier trazo de personalidad
propia e identificable. Estos trabajos tienen en común el uso del cuerpo
humano, aunque nunca con una finalidad de introspección psicoanalítica,
como pudiera pensarse en un primer momento. En la obra de Wurm, el cuerpo es un
medio, quizás la herramienta expresiva más accesible, pero es también,
sobre todo, un soporte que representa la condición de lo perecedero y transitorio,
y estos son dos conceptos fundamentales para entender su obra. (Además,
igual que "engorda" a personas, Wurm engorda objetos: casas o coches
se muestran como hinchados, saliéndose sus contornos de sus propios límites,
como sucede en Fat Car, (Coche gordo, 2001-2004), o en Little Big House (Pequeña
gran casa, 2003).