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Lápiz. Revista Internacional de Arte 266 Lápiz. Revista Internacional de Arte

No nos lo podemos permitir / We Cannot afford it

por José Alberto López
Lápiz. Revista Internacional de Arte nº 266, Abril / Mayo 2011

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No nos lo podemos permitir
El extraordinario impacto de la crisis en España ha puesto al descubierto muchos de los vicios estructurales de la organización del Estado. Uno de ellos es el de las prácticas contra el mercado tan habituales en la mayoría de las comunidades autónomas, en donde existe la tendencia a adjudicar contratos a empresas de la misma región por el mero hecho de ser autóctonas. Estas prácticas colusorias pueden suponer, según la Comisión Nacional de la Competencia, que los bienes y servicios contratados se encarezcan en más del 20 por ciento.
En el campo artístico, es bien conocido que las adquisiciones de obras de arte por parte de las administraciones locales o regionales no siempre se hacen con la debida diligencia a la hora de ajustar los precios y ni qué decir tiene que la producción de un catálogo de exposición está sujeta al mismo entramado regional de intereses, impenetrable para diseñadores o imprentas de fuera de la región. Igualmente, la publicidad de los eventos artísticos organizados por las entidades públicas se queda circunscrita en demasiadas ocasiones a un ámbito puramente local, de modo que lo provinciano vuelve a ser un valor en alza.
En definitiva, parece que la globalización afecta aquí más a la economía que a la cultura. Así vemos cómo en España se promueven movimientos identitarios regresivos. Como ejemplo podemos citar la presencia de Cataluña en la Bienal de Venecia, que responde a un concepto pueril de reivindicación identitaria, pueril y gravoso: en esta iniciativa provinciana de colocar un pabellón localista fuera de la sección oficial de la Biennale se han invertido este año 750.000 euros. La primera vez que se montó un pabellón catalán en Venecia hace dos años, coincidiendo con el rampante recrudecimiento de la crisis, la iniciativa costó al erario público catalán un millón de euros.
Todo el que conozca Venecia y su Biennale de arte sabe el tiempo que se requiere para recorrer los Giardini y ver los pabellones internacionales oficiales -los pabellones de treinta estados-, además de la gran exposición del Arsenale. Más de cincuenta estados presentan, además, sus pabellones desplegados por el resto de la ciudad. A esto debe sumarse el creciente número de eventos paralelos en museos, fundaciones y palazzi particulares. Ante este panorama, y agregando a todo ello la dificultad de desplazarse a pie o en vaporetto por la abarrotada ciudad de los canales, resulta en verdad risible la intención de buscar la "visibilidad internacional del arte de Cataluña" precisamente en ese contexto, tal como pretenden los impulsores de la pintoresca idea. Lamentablemente, esto forma parte ni más ni menos de un burdo intento de extraer rentabilidad política del arte.
We Cannot afford it
The extraordinary impact of the crisis in Spain has discovered many of the structural vices of the State organisation. One of them is that of the practices against the market so common in the majority of the autonomous communities, where there is tendency to award contracts to companies of the same region just because they are autochthonous. These collusive practices can mean, according to the Spanish National Competition Authority, that the goods and services contracted are more expensive by about 20 percent.
In the art field, it is well-known that the acquisition of works of art by local or regional administrations is not always done with due diligence when it comes to adjusting prices and needless to say that the production of an exhibition catalogue is subject to the same regional network of interests, impenetrable by designers or printers outside of the region. Likewise, the advertising campaigns of the artistic events organised by public entities are confined on many occasions to a purely local environment, therefore what is provincial once again becomes more valuable.
In other words, it seems that here economy is much more affected by globalisation than culture. That way we see how regressive identity-based movements are being promoted. As an example we can mention the presence of Catalonia in the Venice Biennale that responds to a childish identity-based vindication, childish and serious: 750,000 Euros have been invested this year in this provincial initiative of placing a parochial pavilion outside of the official section of the Biennale. The first time a Catalonian pavilion was mounted in Venice was two years ago, coinciding with the rampant recrudescence of the crisis, and the initiative cost the public Catalonian treasury one million Euros.
All that have visited Venice and its Art Biennale know how long is needed to transit the Giardini and to see the official international pavilions -the pavilions of thirty States-, besides the great exhibition of the Arsenale. Additionally, more than fifty states present their pavilions deployed all over the city. To this we have to add the growing number of parallel events in museums, foundations and private palazzi. Faced with this panorama, and adding the difficulty of moving around the crowded city of the canals on foot or in vaporatto, the intention of finding "international visibility of Catalonian art" becomes truly ridiculous precisely in that context, not like what the promoters of such a picturesque idea want. Unfortunately, this is no-more and no-less part of a grossest attempt at obtaining political profit from art.
 
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