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Scherzo 188 Scherzo

Entrevista a José Van Dam: "El cantante de ópera tiene que ser un poco naíf"

por Rafael Banús Irusta
Scherzo nº 188, julio-agosto 2004

Número de páginas: 3
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El bajo-barítono belga José van Dam es uno de los cantantes más prestigiosos de las últimas décadas. En una carrera que abarca ya más de 40 años (debutó en 1961 con Les troyens en la Ópera de París), ha actuado en los principales coliseos y salas de conciertos del mundo entero. Artista favorito de directores como Herbert von Karajan o Sir Georg Solti, sus extraordinarias cualidades como actor le han llevado a trabajar con los mejores directores de escena como Giorgio Strehler ( Le nozze di Figaro ) o Jorge Lavelli ( Faust ), y también a probar fortuna en el cine con películas tan notables como el Don Giovanni de Joseph Losey o Le maître de musique de Gérard Corbiau. Su contribución al conocimiento de la música francesa de autores olvidados es inmensa, y ha participado directamente en la creación de uno de los títulos emblemáticos del teatro musical de finales del siglo XX, Saint François d'Assise de Messiaen. Recientemente, José van Dam interpretó en el Teatro Real de Madrid su primer Don Pasquale, y regresará próximamente a este escenario con la ópera de Janácek Desde la casa de los muertos .
Éste es su primer acercamiento al papel de Don Pasquale. En general, no ha interpretado muchos personajes cómicos.
No, aunque me gustan mucho. Tan sólo he hecho Selim en Il turco in Italia , Gianni Schicchi, Basilio en Il barbiere di Siviglia ... No es un género tan fácil como parece. Muchas veces se confunde lo bufo con lo ligero, pero son papeles que tienen su peso, una profondeur , como dicen los franceses, y hay que pensar mucho sobre ellos, te obligan a reflexionar. Por ejemplo, tanto Don Pasquale como Falstaff, un papel que he cantado mucho, no son nada ridículos. Son los demás los que hacen que parezcan ridículos. Aunque Don Pasquale es mucho más naíf que Falstaff. Don Pasquale quiere realmente casarse con Norina, tener hijos, mientras que a Falstaff lo que le interesa es demostrar que aún tiene dotes de seductor.
¿Tiene usted algo de Don Pasquale, o de Falstaff?
Creo que sí, cuando eres un artista necesitas ser un poco naíf para subirte a un escenario y actuar para los demás. Cuando represento a Don Pasquale, a Falstaff, a Boris soy realmente esos personajes, no José van Dam. Y luego está la humanidad, que es lo que más me interesa de un personaje.
Por cierto, ¿de dónde viene su nombre?
Mi auténtico nombre es Joseph van Damme, como el actor (que, por cierto, no se llama van Damme), y eliminé la última sílaba del nombre y la última del apellido. Creo que en mi familia hay algo de sangre hispana, de cuando Bélgica estuvo bajo la ocupación española.
Su repertorio es enorme, y abarca un sinfín de papeles, desde Mozart hasta la música contemporánea. ¿Lo planeó así desde el comienzo, o ha sido algo casual?
Empecé muy pronto, cuando tenía veinte años ya cantaba profesionalmente en la Ópera de París, aunque sólo pequeños papeles. Allí estuve cuatro años, luego dos años en Ginebra y seis en Berlín. Y la voz fue evolucionando paulatinamente. Siempre les digo a los jóvenes que tienen que seguir a su propia voz, y no a la inversa. La voz nunca te puede seguir a ti. Yo empecé con Mozart, y no he cantado Scarpia hasta los 50 años. Con el repertorio pesado, como Hans Sachs o el Holandés, he empezado bastante tarde. Es decir, cuando la voz estaba madura para ello, y no antes. Hay que tener mucho cuidado, cuando eres joven, con los papeles dramáticos.
Los años en Berlín fueron muy importantes.
Sí, y también mi etapa en Ginebra, donde estuve dos años, cuando tenía 25. Anteriormente, en París, yo era demasiado joven y realmente no pude aprender mucho, ya que sólo me daban papeles muy pequeños. Pero en Ginebra trabajé con Lofti Mansouri, que después fue director artístico en Vancouver y San Francisco, y me ayudó muchísimo, sobre todo en el aspecto escénico, porque yo no tenía ninguna experiencia en este campo. Trabajé muy fuerte con él durante estos dos años, que fueron muy importantes para mí. Después me llamó Lorin Maazel, cuando era director musical de la Deutsche Oper de Berlín, y empecé a trabajar intensamente papeles como Fígaro y Leporello, con Gustav Rudolf Sellner como director artístico y director de escena. En estos seis años canté personajes como Attila, Boris Godunov... y fue cuando me oyó Herbert von Karajan, que supuso un encuentro fundamental en mi carrera.
Llegó a ser su barítono predilecto durante muchos años.
Trabajé muy a gusto con él. Era un hombre extraordinario. Hay quien dice que era un hombre difícil, pero con la gente a la que quería, y pienso por ejemplo en Mirella Freni, Nicolai Ghiaurov, Piero Cappuccilli, José Carreras, Agnes Baltsa o Jon Vickers, era muy respetuoso. Se trabajaba mucho y muy bien con él, y siempre era toda una experiencia. Además, te daba muy buenos consejos sobre técnica vocal. Por ejemplo, te decía que cuando abordaras un pasaje grave no apoyases mucho las notas porque de otro modo no tendrías problemas al atacar los agudos.
¿Es cierto que en la Salomé no quería que se oyesen las voces?
Bueno, a veces decía que era musicalmente necesario que se oyera más a la orquesta, la línea armónica, que a las voces. Pero amaba las voces, y las conocía muy bien. Lo que pasa es que había que tener cuidado, porque era muy fiel a sus cantantes. En una ocasión me preguntó si quería cantar Pizarro, y yo le dije que no lo consideraba apropiado en aquel momento. Porque él amaba tu voz y no quería a otro. Pero hubiera sido peligroso. Mucha gente dice que Karajan ha destrozado voces. Eso no es cierto, lo ha hecho el propio cantante. Yo le dije que no a ciertas cosas. Había que saber hacerlo.
Usted cantó mucho con Sir Georg Solti.
Solti era también un grandísimo director, pero con Karajan tenías más libertad. Él tenía muy claros sus tempi , pero luego dejaba volar a los cantantes. Al final de su vida, Karajan casi no dirigía, pero los músicos sabían perfectamente lo que tenían que hacer. Yo me he sentido mejor con Karajan.
Con Solti, usted hizo aquellos fantásticos Maestros cantores en Chicago.
Sí, que creo que fue la última ópera que grabó. También registré con él Falstaff y La mujer sin sombra , y anteriormente Carmen y La condenación de Fausto . Era un gran director.
¿Ha tenido algunos cantantes predilectos?
Me gustaba mucho, entre los tenores, Jussi Bjoerling, y entre los barítonos Leonard Warren y Ettore Bastianini, que murió tan prematuramente. En general, me gustan mucho las voces bellas como la de Franco Corelli, aunque para mí una de las más bellas ha sido la de Jaime Aragall, con el que canté mucho en Berlín. También me gustaba mucho Cesare Siepi, por su bella voz y su inteligencia. Entre las mujeres, admiro mucho a Leontyne Price, Mirella Freni, y por supuesto a mi gran amiga Teresa Berganza.
¿Y de la escuela francesa?
Me gustaba especialmente Ernest Blanc, que cantaba con mucho gusto. Pero creo que yo soy más mediterráneo, también en mis gustos. Creo que mi voz es muy apropiada para el lied alemán, pero sin embargo no me siento cercano a la escuela germánica. Canto muchos papeles italianos, así que no creo que me pueda encuadrar en la escuela francesa. Creo que soy una mezcla. También Jussi Bjoerling era sueco, pero su voz era totalmente mediterránea.
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